lunes, 27 de abril de 2009

La caricatura

Una tarde de sábado estaban mis sobrinos en mi casa, y como era de esperar todos delante del ordenador.
- Titi, no te mires.
- ¿Ya estáis haciendo una de vuestras barbaridades?.
- Luego te lo enseñamos.
Yo me esperaba cualquier cosa, pero cuando me llamaron y me enseñaron lo que tenía delante de la pantalla no me lo podía creer.
- Lo ha hecho el Carlito.
Cuando lo vi salí riéndome de la ocurrencia. Con uno de esos programas que hacen caricaturas, había hecho una mía y la verdad es que quedó bastante bien y me divirtió mucho.
- No la borres. Guárdala que me ha gustado mucho.
Y aquí se la dejo, para que ustedes también la puedan ver.
Autor: Carlitos Barba

martes, 21 de abril de 2009

Un lunes en Bajo de Guía

El pasado lunes me pedí un día de vacaciones, con la sugestiva idea de no hacer absolutamente nada.
Me levanté y salí sin rumbo, y de pronto me encontré paseando por Bajo de Guía. A mí me fascina la zona, pero no sólo los restaurantes y la buena comida, sino que también la de calles estrechas y laberínticas que poco a poco van desapareciendo en aras de los planes urbanísticos y el disloque constructor de estos años atrás, que ahora incluso parece que echamos de menos. ¡Qué cosas!.
Pasear por lo que queda de las calles, por lo que queda del barrio marinero, es una de las delicias que quedan, sobre todo si es en una preciosa mañana soleada.
Además de mirar y pasear tranquilamente, me dediqué a hacer fotografías a todo aquello curioso, bonito o divertido que podía encontrar, como suelo hacer siempre y de ahí que ya mi ordenador esté repleto con las más de cuarenta mil fotografías que como un día se estropee el pece me voy a “jarta” de llorar.
- Tienes que hacer una exposición.
- Un día de estos...
Una de las cosas que descubrí el lunes fue la cantidad de de azulejos de la Virgen del Carmen que existen por metro cuadrado en aquella zona.
Deben ser un buen montón y me he propuesto ir una mañana o una tarde y fotografiar todas las que hay, aunque la verdad es que algunas son bastante feas y todavía no entiendo cómo se atreven a tenerlas en las puertas de sus casas.
Estuve hasta aproximadamente hasta la una y media en una tranquila y relajada mañana, de esas que estoy convencido que muchísima gente envidiaría, aunque a muchos lugares no pude entrar o entre con mucho trabajo porque todavía no tengo una silla todoterreno, que todo se andará.
Pero claro, era solo un día y el martes tuve que volver al trabajo cotidiano y sobre las once de la mañana se presentó en mi mesa de trabajo un señor.
- Buenos días Antonio.
- Hola, buenos días.
- Ayer estuvo usted en Bajo de Guía.
- Si.
- ¿Haciendo foto?.
- Si.
Ya empezaba a mosquearme tanta preguntita.
- ¿Para que eran esas fotografías?.
- ¿Cómo?
- Si, que para que eran las fotos que hacías.
- Para nada en particular.
Me quedé pasmao. Si unimos un curioso y una cámara puede ser un hecho potencialmente peligroso para todo el que mira, que siempre cree que se está fotografiando algo que le puede perjudicar. Claro que si el curioso trabaja en el Ayuntamiento de la ciudad, que es mi caso, aunque sea con el papeleo, las fotografías pasan de algo peligroso, a altamente peligroso.
En un principio tuve la idea de decirle que a él que le importaba el motivo de mis fotografías, pero rápidamente pensé que no tenía porque ser maleducado y preferí explicarle la razón de mis fotos, aunque él no se fue nada tranquilo y rumiando sobre lo que haría yo con las fotografías.
Claro que es mu rarito que un tío esté la mañana de un lunes con una cámara haciendo fotos a todo un barrio. Que se le va a hacer. Aunque yo también me quedé sin saber porque se había molestado tanto en ir al Ayuntamiento para enterarse de mis fotografías. Por algo sería, ¿no?.

domingo, 5 de abril de 2009

Semana Santa de niño

Hoy, domingo de ramos, he estado tentado de ir a ver la salida de las procesiones de Semana Santa, pero al final desistí después de haber salido incluso de casa.
La verdad es que irse a ver procesiones en silla de ruedas es muy complicado y se deben tener muchas ganas para hacerlo, porque meterse en medio de una multitud donde todos te sobrepasan un metro, es como mínimo un tostón. También están los palcos que suelen poner en algunas calles, desde donde se ve muy bien e incluso existen algunos adaptados para discapacitados, pero yo paso porque tengo un recuerdo un tanto pesado de los palcos o de las sillas que ponen para ver la semana santa.
Yo estuve unos cuantos años en San Juan de Dios de Sevilla, en Jesús del Gran Poder, creo que fue desde los ocho o nueve años hasta los quince en que pase a la Ciudad de San Juan de Dios en Alcalá de Guadaira. Allí estaba todo el año, excepto el mes de agosto venía a mi casa. Todo el año metido en una cama.
La Semana Santa rompía la monotonía de todo el año porque nos llevaban a ver los pasos de la Semana Santa de Sevilla. Creo que a mí lo que más me gustaba era que me vestía para salir a la calle y dejaba aparcado el pijama, por lo menos por un ratito. Me hacía ilusión cuando llegaba el hermano con las ropas de calle e iba repartiéndolas según las tallas, casi siempre nueva, a estrenar y que ya no se utilizaba más que para ir un día a la feria.
Era romper la monotonía de estar todo el día en la cama. Era la posibilidad de ver cosas nuevas, algo que no se hacía durante el año.
Esa era la parte buena, pero también tenía la parte mala que no me gustaba y que creo que hizo que después no me guste estar esperando los pasos en la calle.
Después del almuerzo comenzaban los preparativos con el reparto de las ropas a todos los niños que estábamos allí. Os podéis imaginar la algarabía, el escándalo, la diversión de un montón de chiquillos, a los que iban a poner ropas nuevas y sacar a la calle. Una vez que todos estábamos preparados nos llevaban montados en una cama, os podéis imaginar el guirigay de ocho o diez niños de pocos años montados en una cama de ruedas hasta llegar a la furgoneta que nos llevaría a la Semana Santa.
Sobre las cuatro de la tarde nos dejaban en la Campana, de Sevilla, un lugar por donde pasan todas las hermandades de Semana Santa y donde desde las cuatro de la tarde hasta la una de la noche estábamos viendo pasar imágenes. Pero esto que podía ser una diversión, para mí se convertía en algo que no me terminaba de gustar porque estar seis o siete horas sentado en una silla, sin poderte mover, llega a ser bastante coñazo. Pero además recuerdo que me ponía “atacao” que cada vez que llegaba una hermandad, todo el mundo muy respetuoso se ponía de pie, con lo cual me jodían la visión, porque yo no me podía levantar. A los que tenían la suerte de estar en la primera fila se divertían pidiendo cera, como hacen ahora muchos chiquillos, a los nazarenos, palabra que a mí me chocaba muchísimo porque aquí yo siempre había oído que les llamaban penitentes, mas tarde me enteré que en realidad eran lo mismo, y ahora en Sanlúcar también se ha impuesto el termino nazareno sobre el de penitente.
- Oiga que no vemos, oiga que no vemos.
Esa era la frase que lanzábamos todos los niños de San Juan de Dios, pero por lo visto era más importante el respeto a la hermandad que a los niños que nos quedábamos sin ver.
- ¡No olvidéis los bocadillos!
Esa era la frase que repetía el hermano Blas cuando salíamos y era importantísimo el bocadillo, solo recuerdo el de carne membrillo con queso, por aquello de las vigilias, que nos daban, no recuerdo sin con una coca cola, que creo que no porque de haberla habido me acordaría.
Como pueden imaginar yo cuando llegaba las siete de la tarde estaba ya hasta el gorro de todo, pero tenía que aguantar hasta la hora de irnos. Coño, será posible que no me acuerde como solucionábamos lo del pis.