sábado, 26 de abril de 2003

El cajero automático

Algo tan simple como quedarse sin dinero e intentar sacarlo de un cajero automático puede llegar a ser toda una aventura que termina poniendo los nervios de punta a cualquiera y a mi me lo ha puesto esta tarde.
Me doy cuenta que me he quedado sin dinero y me acerco a la sucursal del banco que mas cerca se encuentra del lugar donde estoy para intentar sacar dinero del cajero, pero después de llegar descubro que mi gozo en un pozo. Para entrar al cajero es necesario subir un escalon de cómo 20 centímetros y por supuesto que existía ninguna rampa. ¿Para que?. Para cuatro cojos que hay en el pueblo, debió pensar el que diseño la obra del banco. Además la mayoría de los discapacitados tienen poco dinero y no son clientes que nos dejen pelas.
Como 20 cm pueden llegar a ser en un momento determinado todo un rascacielos, decidí darme la vuelta y buscar otra sucursal, porque tampoco es cuestión de pasarse uno la vida diciéndole a los demas que me estén subiendo y bajando escalones. Buscaré otra sucursal. A pocos metros encuentro otro banco y este tenía rampa y aunque no era el que yo tengo la cuenta decidí entrar porque la tarjeta es VISA y se supone que puedo sacar dinero en cualquier sitio. ¡Un jamón con chorreras!. “Su banco no autoriza la operación”, fue el cartelito que apareció cuando le dije que quería 100 euros. Coño, no solo no me deja entrar sino que tampoco me deja que de comisión a otro banco con rampa para que pueda sacar mi dinero. A seguir buscando, y después de un cuarto de hora de búsqueda encontré por fin una sucursal de mi banco y con rampa. ¡Aleluya!. Pero la aleluya fue solo relativa porque cuando intenté abrir la puerta esta se encontraba cerrada a cal y canto y era necesario insertar la tarjeta para poder abrir la puerta, pero como los males no llegan solos nunca, ahora no llegaba a donde debía insertar la tarjeta, entre otras cosas porque los diseñadores de esos cacharros no han descubierto todavía que agacharnos podemos todos, pero estirarnos es mucho mas complicado. Gracias a un señor que pasaba y que viendo mi situación me dijo que si pasaba el la tarjeta para poder entrar pude sacar mi dinero del banco, bueno saque el dinero medio viendo las cantidades que pedía y el numero de clave, porque el cajero estaba muy bien puesto para que se vea solo de pie. Después de media hora tenía mi dinero.
Como quiero que esto sea útil y dar facilidades a las empresas para que se enteren de que lo estan haciendo fatal, en cada articulito daré al final el nombre de la empresa o institución donde me ocurrió el hecho que cuente:
Banco con barreras: BBVA
Banco sin barreras pero donde tampoco pude sacar dinero: UNICAJA
Banco sin barreras pero con apertura altísima, es decir con barreras: BBVA

viernes, 25 de abril de 2003

Cuaderno de Bitácora

Dice la Real Academia Española que un Cuaderno de Bitácora es un libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación.
Y ya os contaré como para todas las personas discapacitadas es toda una odisea solo asomar la nariz por la calle y no por falta de ganas del que sale, sino porque desde los primeros diez centímetros que te encuentras en una acera, todo es una verdadera lucha.
Y viene de perlas lo de cuaderno de Bitácora, porque el rumbo que toma toda persona discapacitada en cualquier ciudad es un misterio, es el que te deje lo que lo señores diseñadores urbanismo han creído conveniente, que por supuesto nunca es el conveniente para las personas que necesitan que la ciudad tenga pocos obstáculos. En cuanto a la velocidad mejor casi ni hablar, porque si ya de por si es lenta, llega a convertirse en tortuguera gracias a las vueltas que nos vemos obligados a dar para sortear toda clase de obstáculos que llegan a asediar. ¿Maniobras?. Muchísimas mas que un novato con la L recién puesta. Y en cuanto a accidentes todos los habidos y por haber, desde una rueda que entra en un alcorque de un árbol precioso, pero nada útil para los peatones o tener que volver por tus ruedas porque después de un kilómetro descubres que la acera se estrecha y no se cabe. Como es de imaginar lo que entra en ese momento son ganas de matar a alguien.
En este cuaderno de Bitácora iré contando todas esas peripecias que ocurren a un discapacitado al ir tranquilamente por el medio urbano intentando hacer lo mismo que puede hacer otro ciudadano. Simplemente se trata de eso.