sábado, 21 de junio de 2008

Odio a los sinceros

Aunque es una palabra que no me gusta utilizar, pero esta vez si la usaré porque estoy convencido que esos que se dan en llamarse “sinceros” son las personas más crueles que existen y además practican una crueldad casi siempre innecesaria.
Los “sinceros” son esas personas que aprovechando la prudencia de los otros utilizan esa palabra como escudo para poder insultar, humillar o decir todo aquello que a todas luces es innecesario, porque siempre he creído prescindible martirizar a los demás, dejarlas en ridículo o hacerlas sufrir.
- No, es que yo soy muy sincero y aquello que pienso lo digo.
Ah, mu bonito, porque seguro que ese sincero compulsivo no ha pensado que los demás también podemos serlo en algún momento y si no lo hacemos es por prudencia, que siempre se dice que es la madre de la ciencia.
Definitivamente esos sinceros de pacotilla no habría que llamarlos así, sino que la denominación que verdaderamente les corresponde es la de hijos de puta, con perdón de las putas y de sus hijos, que son mucho más personas.

lunes, 16 de junio de 2008

El terrible pero...

No recuerdo si alguna vez he escrito sobre el “pero”, que además de ser el nombre de una manzana, la amarilla en mi pueblo, es de las palabras que más miedo me dan, sobre todo cuando aparece de forma no diré inesperada, porque suele ser bastante habitual en c ualquier tertulia.
Es muy normal que entre un grupo de tertulianos se esté hablando de otro que no esté o que acaba de irse, que yo por eso tengo la terrible manía de ser el último en irse de todas las reuniones.
Todo está muy tranquilo y todos cantan las alabanzas del que se acaba de ir, que es muy buen muchacho, mu limpio y todo lo demás. Esto durante unos minutos, que nunca suelen pasar de los cinco, y de pronto aparece, porque tarde o temprano termina por aparecer el que dice…
- Si pero…
Y ya después de ese “pero” se abre las cajas de los truenos y comienzan a aparecer todos y cada uno de los defectos reales o inventados de esa persona de la que segundos antes cantábamos las excelencias.
A partir de aquí no se tiene compasión y cada uno desata su imaginación procurando ser más original, a la hora de soltar insultos e improperios.
Esta es la razón por la que no me gusta el “pero”, porque es capaz de convertir en unos segundos a la persona más buena del mundo en lo peor, y después como si nada seguir cada uno dando un sorbo del café.