Hace unos días que no escribo, estoy en otra historia porque la verdad es que esta página da cada día más trabajo y eso que hace tiempo que decidí y lo he conseguido, que quitaría de ella todo lo me obligara a actualizarla. Ahora estoy intentando poner las fotos de Sanlúcar de Barrameda, que no es por presumir, pero también son mías todas, a un tamaño que se puedan ver un poco mejor. Llevo unas trescientas o así, pero es un trabajo lento.
Pero quería contarles la experiencia de hacer fotos desde una silla de ruedas, que aunque no lo crean es bastante complicado y más si las fotos son de “encargo” como ocurrió el pasado sábado cuando unos amigos me pidieron que hiciera un reportaje de un acto que celebraban para ponerlas en la página de Internet. Les dije que si por no ser un “malage”, pero la verdad es que no me apetecía en absoluto por varias razones, la primera que no me gusta en absoluto fotografiar personas. Dice mi amigo Eduardo que eso es una manía mía y que si todas las fotos las hago sin gente, se quedan casi sin vida y que cuando pasen cien años y se vean no se podrá observar cómo era en su totalidad la ciudad porque no reflejan nada de las personas.
- ¿Pero tú crees que me importa mucho lo que puedan pensar dentro de cien años de mi o de mis fotos? Si ahora casi me importa un carajo, imagínate cuando pase un siglo.
Pues en este acto se trataba de fotografiar sólo a personas, así que se pueden imaginar la gracia que me hizo tener para mí todo un palacio con bonitos jardines, coquetos lugares y maravillosas plantas y tenerlos que dejar para hacer fotos a la gente. Pero bueno, se hizo y espero que no salieran muy mal. Aunque me pasé toda la tarde mirando de reojo el lugar y alguna foto del sitio si se hizo.
Otra de las razones es que hacer fotos a personas desde una altura mucho más baja que los fotografiados es bastante complicado y no salen del todo bien. Aunque eso también me pasa con los lugares, aunque al ser objetos estáticos puedo ir supliéndolo con imaginación y hacer unas fotos desde una perspectiva que otra persona no suele hacer.
A veces pienso que me salen unas fotos un tanto raras y a veces descuadradas, pero tampoco me importa demasiado. ¿Quién ha dicho que las fotografías deben tener una estética prefijada? Es simplemente una visión diferente y desde una altura más baja.
Lo que me gusta de la fotografía es ver cosas. El ir con una cámara de fotos hace que uno se fije mucho más en lo que te rodea, te fijes en los detalles y puedo perder horas observando cualquier lugar. ¡Simplemente maravilloso!
Estoy convencido que esta facultad también me viene del ayer, de haberme pasado más de diez años en la cama sin poderme mover. Esto hizo que tenga para todo una paciencia infinita y pueda perder minutos y horas sin hacer absolutamente nada, cosa que muchas personas no llegan a entender, pero que a mí me encanta. Me encanta que el mundo gire a la velocidad que yo le dé y no a la que los demás quieran que vaya.
Pero quería contarles la experiencia de hacer fotos desde una silla de ruedas, que aunque no lo crean es bastante complicado y más si las fotos son de “encargo” como ocurrió el pasado sábado cuando unos amigos me pidieron que hiciera un reportaje de un acto que celebraban para ponerlas en la página de Internet. Les dije que si por no ser un “malage”, pero la verdad es que no me apetecía en absoluto por varias razones, la primera que no me gusta en absoluto fotografiar personas. Dice mi amigo Eduardo que eso es una manía mía y que si todas las fotos las hago sin gente, se quedan casi sin vida y que cuando pasen cien años y se vean no se podrá observar cómo era en su totalidad la ciudad porque no reflejan nada de las personas.
- ¿Pero tú crees que me importa mucho lo que puedan pensar dentro de cien años de mi o de mis fotos? Si ahora casi me importa un carajo, imagínate cuando pase un siglo.
Pues en este acto se trataba de fotografiar sólo a personas, así que se pueden imaginar la gracia que me hizo tener para mí todo un palacio con bonitos jardines, coquetos lugares y maravillosas plantas y tenerlos que dejar para hacer fotos a la gente. Pero bueno, se hizo y espero que no salieran muy mal. Aunque me pasé toda la tarde mirando de reojo el lugar y alguna foto del sitio si se hizo.
Otra de las razones es que hacer fotos a personas desde una altura mucho más baja que los fotografiados es bastante complicado y no salen del todo bien. Aunque eso también me pasa con los lugares, aunque al ser objetos estáticos puedo ir supliéndolo con imaginación y hacer unas fotos desde una perspectiva que otra persona no suele hacer.
A veces pienso que me salen unas fotos un tanto raras y a veces descuadradas, pero tampoco me importa demasiado. ¿Quién ha dicho que las fotografías deben tener una estética prefijada? Es simplemente una visión diferente y desde una altura más baja.
Lo que me gusta de la fotografía es ver cosas. El ir con una cámara de fotos hace que uno se fije mucho más en lo que te rodea, te fijes en los detalles y puedo perder horas observando cualquier lugar. ¡Simplemente maravilloso!
Estoy convencido que esta facultad también me viene del ayer, de haberme pasado más de diez años en la cama sin poderme mover. Esto hizo que tenga para todo una paciencia infinita y pueda perder minutos y horas sin hacer absolutamente nada, cosa que muchas personas no llegan a entender, pero que a mí me encanta. Me encanta que el mundo gire a la velocidad que yo le dé y no a la que los demás quieran que vaya.
Nota: La foto que acompaña a este artículo es una de las pocas que pude hacer el sábado en el Palacio de Medina Sidonia, lugar donde se celebró el acto.
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