Esta mañana me acerco a una
institución pública, no voy a dar el nombre todavía porque quiero presentar la
correspondiente reclamación aunque sea por molestar, para pedir algo que creo
me corresponde y me quedó como el que se tragó el paraguas cuando la persona
que me atiende me dice: Es que a usted no le corresponde, porque no está dentro
del perfil.
¿Dentro de qué?. ¿Qué perfil?.
Como ya van dos veces en poco más
de tres meses, en dos instituciones diferentes, me empiezo a preocupar y me
comienzo a enfadar una barbaridad.
Si el perfil es que vaya triste,
que no me valga por mí mismo, que no haga lo que me dé la gana o que me tenga
que quedar en mi casa encerrado, que no me valga por mí mismo, que los zurzan a
todos. No pienso dar ese perfil porque no me apetece, porque no me da la gana o
porque no me sale de los cataplines.
No me den nada, pero el derecho a
presentar la correspondiente reclamación, poniéndolos además como un verdadero
trapo no me lo va a quitar nadie.
¿Saben lo que más me molestó?.
Que encima tuviese que aguantar que me dijera: Mire, yo soy simplemente un
funcionario y cumplo con lo que me dicen.
Oiga, no sé porque me cuenta esa
milonga, si yo no le he dicho absolutamente nada, ni una palabra. Simplemente
he contestado con un lacónico adiós, buenos días.
Si lo que pretendía es que yo me
fuese del lugar protestando y arremetiendo contra los políticos, no lo va a
conseguir, entre otras cosas porque la persona que me atendió ni siquiera se
molestó en atenderme como debía, ni siquiera se preocupó en ver si mis
circunstancias personales eran unas u otras, prefirió quitarse el caso de en medio con un “Usted no da el perfil”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario