Es una de esas palabras que me
recuerdan a mi niñez, Almacenero, entre otras cosas porque yo soy hijo de
Almacenero en Bonanza. Cuando nací yo vivía en Los Llanos, pero como para mi
era muy incómodo vivir allí, ir al colegio, relacionarme y todo lo demás, mi
padre al trasladarse a Bonanza puso al principio una carbonería, en donde ya no
se vendía el carbón suelto, sino en bolsas, pero más tarde fue ampliando con
comestibles, frutas y como en todas esas tiendas de ultramarinos, había un poco
de todo, hasta una vieja libreta donde muchas de las personas que compraban
dejaban apuntados los mandados para pagarlos por semanas, por quincenas, por meses
o por nunca.
Durante una época casi
desaparecieron los almaceneros, y los almacenes, palabra que me encanta porque
me da idea de lo que eran esos pequeños comercios, un lugar donde había
almacenadas todos los productos que se podían vender, muchos poquitos de muchos
productos.
Fueron desapareciendo con la
llegada de supermercados, hiper, o como los llamamos en Sanlúcar, “Ecos”, que
podían permitirse el lujo de vender más barato, pero a cambio no había libretas
de apuntaciones, aunque poco importaba en esos años en que el dinero parece que
fluía y fluía.
Aunque claro, con la crisis,
vuelven esos almaceneros de barrio, esas tiendas cercanas que son de nuestros
vecinos y con los que tenemos más confianza, entre otras cosas porque ahí
podemos comprar poquitas cosas, los mandados que de verdad necesitamos y no
todos los que nos ofrecen las grandes superficies.
Nota: La foto que acompaña a este
texto la he encontrado en Internet y creo que es del Almacen, que aun hoy está
abierto como bar de copas.
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