viernes, 23 de febrero de 2018

El día que me echaron del pabellón de España

Hace dos o tres días que el presidente del IFEMA, Clemente González pidió a la galerista Helga de Alvear, que retirara de Arco la obra de Santiago Sierra, provocando  un escándalo de si era censura o no censura, aunque aquí los únicos que han salido ganando con la polémica han sido la galerista y el autor, que han ganado una buena pasta  gansa y una publicidad que nunca pensaron ganar. Y es rápidamente el periodista, empresario y comprometido Tatxo Benet, se apresuró a comprar, sin que yo pueda imaginar donde puñetas va a ponerla.
Yo aquella noche del escandalito publiqué un twist que decía: “¿Por qué a veces para convertir un mamarracho en obra de arte sólo hace falta una reivindicación?”. Ya yo en el twist anunciaba que la que me podía caer con la frase era fina, pero que me daba igual, pero vamos que tampoco ha sido para tanto y sólo alguna persona me ha mandado algún mensaje diciendo que defiendo la censura, y yo no lo he mandado a hacer puñetas por educación, porque resulta que yo también tengo libertad para pensar o escribir lo que me dé la gana, y no hago ningún caso a los periódicos porque ellos lo único que les interesa es el escandalito, ni tampoco a los políticos, porque todos ellos sólo dicen lo que creen que tienen que decir para arrastrar algún votillo o para quedar bien, porque las cosas claras y el chocolate espeso, el noventa por ciento de lo que se exhibe en ARCO y compañía, son MAMARRACHOS, y lo digo así con mayúsculas y sin cortarme ni un pelo, y si otros no se atreven a decirlo, es su problema, y sólo les haría una pregunta: ¿Alguno sería tendría cataplines de poner uno de esos cuadros en su casa?. Yo, que me tengo por muy, muy moderno, no los pondría ni en el cuarto de baño.
Les voy a contar algo que me ocurrió hace algunos años, que uno era mucho más joven, y lo mismo más inconsciente, o lo mismo no, porque creo que ahora lo haría igual.
Era el año 1992, en Sevilla se celebraba la Expo 92, y una de las muchas veces que fui, se me  ocurrió entrar en el Pabellón de España. La parte de abajo muy bonita, todo maravilloso y quedé encantado, pero cuando subí a la parte de arriba me encontré con un montón de cuadros, montajes y otra serie de mamarrachos que no me gustaron en absoluto, y como yo soy de los que pienso que el arte es sólo cuestión de gustos, es decir que o me gusta o no me gusta, y si no me gusta no tengo muchos problemas en decirlo, porque además los autores estoy convencido que cobraron un buen pastón por sus obras, así que dos amigos que íbamos y yo, empezamos con un poquito de cachondeo con las obras, pero solo de palabra y risa, eh, que no tocamos absolutamente nada.
Pues nada, que no tardaron ni diez minutos en aparecer una persona que muy amablemente nos dijo que nos teníamos que ir porque estábamos tratando sin respeto a los artistas,  o algo así.
Yo sólo fui capaz de contestar: ¿Usted está seguro que no son ellos los que nos han perdido el respeto a nosotros?. Y nos fuimos, supongo que además quedando como unos ignorante,  catetos e incultos, pero a mí que me importa.

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