Esta mañana en mi paseo por parte
del Barrio Alto ha tenido la parte positiva, que es la de la golondrina que
había en el patio de una casa y pude fotografiar, y la parte negativa, aunque
tampoco ha sido para tanto:
Iba por la calle Jerez, cuando
veo por el espejo retrovisor que detrás de mí viene un camión, así que como no
me gusta llevar a nadie detrás de mí, me meto un poco en la calle Descalzas y
lo dejo pasar para ir tranquilo.
Pero he aquí que no habían pasado
ni seis o siete metros que veo que el camión se para, y al ser una calle
estrecha no podía ni siquiera adelantar.
¿Qué le pasará ahora a este?, me
pregunté yo.
Pero la respuesta me vino cuando
oí al conductor decir:
- Mira a ver si tiene algo.
La frase iba dirigida al señor
que vende cupones frente a la iglesia de San Miguel
- No, no tiene nada.
- Po dame uno con la paga.
- Hoy es viernes, y no lo hay con la
paga. Hoy es el extraordinario.
- Po dame uno.
Mientras que daba, miraba, decía,
contestaba, cortaba, le entregaba y cobraba, que a todo esto el señor de los
cupones ni se inmutó del asiento y fue el del camión el que se bajó, habían pasado
por lo menos diez minutos, que puede parecer que no es nada, pero los coches llegaban
a la plaza de la Paz.
Claro que estas cosas me pasan
por ser considerado y al ser yo más lento, no querer llevar una cola detrás.
Esto me recuerda el día, hace ya
un montón de años, que yo venía en el autobús de Bonanza. Hace tantos años que entonces la dirección de
la calle era la contraria a la que tiene ahora y todavía estaba en la misma el
Bar Rocío.
De pronto vemos que en medio de
la calle hay un coche parado y el chofer del coche empezó a tocar el claxon y
de pronto sale el que se supone que es el chofer del coche con una tostada en
la mano y sin inmutarse dice al chofer del autobús del Camballao:
- ¿Qué quieres cojones? Espera que
me coma la tostá.

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