Ayer por la tarde daba una vuelta, que me entretiene y me relaja, y en un chalet
pareado vi el azulejo que pongo en la entrada y que informaba de la existencia
de un supuesto perro, con el que había que tener cuidado.
Me quedé mirando, porque ya estoy acostumbrado a que el perro
aparezca en cuanto paso, con los ladridos, y no los vi, pero he aquí que de
pronto me entró la risa cuando descubrí en la puerta de la casa el perro del que pongo la fotografía.
Era uno de esos dálmatas de
cerámica tan famosos en algunos tiempos.


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