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martes, 8 de diciembre de 2020

El Puente

Hasta hace unos años era una especie de tradición que el puente de la Constitución e Inmaculada un grupo de amigos nos fuéramos de viaje, siempre a algún lugar de Europa.

Ahora no están las cosas como para ir a ninguna parte, que debemos estar tranquilitos cada uno en su casa, que ya tendremos tiempo, pero recuerdo algunos de los viajes realizados:



domingo, 12 de marzo de 2017

Las imágenes de Google Maps: Illán de Vacas, Toledo

Esta mañana, leyendo El País, venía un artículo que me llamó la atención titulado Los últimos de Toril, y que se refería a una región de los Montes Universales, entre Teruel y Cuenca, que tiene una muy baja densidad de población, y decía que menor que Laponia.
Como esos temas me llaman muchísimo la atención, creo que una de las ideas que me encantarían es hacer un recorrido por pueblos abandonados o semi abandonados, es algo que me fascina y me llama muchísimo la atención, y como ahora es algo que no voy a hacer es por lo que recurrí a internet y a Google Maps.
Primero busqué en Google a ver cuales eran los pueblos más pequeños y despoblados de España y me encontré con una noticia del año 2014 que decía que Illán de Vacas, en Toledo sólo tenía una persona censada: su alcalde.
Ahora en el Wikipedia dice que según el censo del INE de 2015, es el segundo municipio con menor número de habitantes de España, con seis habitantes.

Entré en Google Maps y llegue en mi viaje hasta Illán de Vacas, un pueblo con pocas casas, con una iglesia que es lo primero que se encuentra, pero donde se supone que debe haber mucha tranquilidad. Me gustan estos pueblos incluso para vivir en ellos, aunque creo que por poquito tiempo, porque me cansaría.
En mi viaje por el pueblo no aparece ninguna persona, aunque encontré aparcados dos coches.
Un abandonado y semi derruido pueblo de Castilla la Mancha.


lunes, 20 de junio de 2016

Fish and chips

Mi amigo Vicente R. Jurado pone en Facebook una entrada donde dice que está comiendo “fish and chips”, que me ha recordado una historia que me pasó hace ya un montón de años en un viaje que hicimos unos amigos a Londres.
Imaginen lo que es soltar a siete catetos sanluqueños en la city de Londres a las siete o las ocho, de la tarde, en diciembre, con las calles totalmente oscuras y con más hambre que un caracol en la vela de un barco.
- Vamos a buscar algún sitio donde comer.
Nos pusimos a buscar un bar cercano al hotel donde estábamos y después de un ratito de búsquedas nos metimos en un lugar donde se vendía comida y nos pusieron los clásicos “fish and chips”, pescado y patatas.
Yo estaba comiendo y veía una gente muy rara en las mesas, pero bueno, tampoco quería decir nada, que uno es medianamente prudente y no comentó nada. Bueno, ya antes nos habían dicho que no nos podían servir cerveza, que para tomar cerveza teníamos que ir a uno de los bares de la acera de enfrente, que la servían hasta las once de la noche. Una extraña norma, pero que se puede esperar de los que conducen al revés que todo el mundo. Nada, sin cerveza.
Pedimos la cuenta y a todos nos llamó la atención lo barata que había sido la comida, pero tampoco estábamos nosotros para mucha concentración, después que llevábamos desde las 5 de la madrugada de coche a avión, de avión a aeropuerto, y de aeropuerto a otro avión, que no parece más que íbamos a Australia.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano, íbamos a ir al Museo Británico, y al llegar al metro noté algo raro. Bueno, lo raro era que las personas que estaban pidiendo en la boca del metro eran las mismas que habían estado la noche anterior comiendo con nosotros, cosa que a mí tampoco me importaba demasiado, pero lo que descubrimos más tarde cuando a la vuelta pasamos por delante del lugar donde habíamos comido es que no era un restaurante, sino una especie de Albergue para mendigos, pero la comida estaba buena.
Nota: La ridícula foto que he puesto con ese sombrerito de mi amiga Lola Cañero, es que es la única que tengo del viaje a Londres. Claro, que con ese sombrerito no me extraña otra anécdota que también me ocurrió y no sé si algún día contaré, creo que no.