lunes, 22 de diciembre de 2003

Cajero solucionado

¿Se acuerdan cuando en uno de los primeros comentarios realizados en esta sección les hablaba de un banco donde era un tanto complicado abrir la puerta del cajero y que después había que hacer equilibrios para meter la tarjeta o anotar el número secreto?. Pues he aquí que ayer me acerco al mismo cajero del que les hablaba y después de subir la rampa, me puse a buscar la ranura donde meter la tarjeta y he aquí que descubro que ya no estaba la ranurita. Coño, ¿cómo se abre esto ahora?.
Ahí estaba yo enredando buscando como abrir la puerta, cuando veo que de pronto se abre sola y del interior aparece un empleado que me dice que pase:
- Hemos quitado la ranura porque no todas las personas llegaban y era complicado.
- Ah, ¿y ahora como abro?.
- No, ahora se abre simplemente tirando de la puerta y hemos puesto un pestillo dentro para mayor seguridad.
Pero he aquí que mi sorpresa no acabó en la puerta, sino entré y con mi despiste no me di cuenta hasta que no estaba a punto de tener el dinero en mi mano que me había sido muy fácil todo. ¡Han bajado el cajero!. Pues si señor habían puesto dos cajeros, uno con una altura mas baja que me permitía llegar perfectamente.
Si antes, cuando se denunciaba la situación puse el nombre del banco, me parece lo justo decir que el que ha quitado todas las barreras por lo menos en la sucursal a la que suelo ir habitualmente es el BBVA.

martes, 9 de diciembre de 2003

La reunión

Hola BLNC:
Hoy voy a escribir, voy a escribir para ti y para tu hermano, pero como me dices no lo haré desde ningún aspecto negativo, sino positivo. Debemos procurar buscar todo lo positivo de la vida. No se si en algún momento he dado la imagen en mis escritos de que soy una persona negativa, pero te aseguro que no lo soy en absoluto y no me gustaría que nadie se tomara así lo que escribo.
Suelo tener bastante buen humor y tomarme las cosas con muchísima filosofía, creo que amargarse la existencia no sirve para nada, porque ya bastantes problemas tenemos como para buscárnoslos nosotros mismos.
Como ejemplo te puedo contar algo que me ha sucedido esta mañana:
Hoy en mi trabajo tenía una reunión, que no diré de que era porque escrito puede parecer mucho más rimbombante de lo que es en realidad, porque aunque algunos le den mucha importancia yo me río bastante de eso. La reunión era a las 9’30 de la mañana y como me conozco la historia me presenté en el lugar indicado diez minutillos antes y ¡Sorpresas te da la vida!, a pesar de que sabían todos que a esa reunión iríamos mi silla y yo, a pesar de existir en la empresa cuarenta salas donde celebrarla, no se les había ocurrido otra cosa que ponerla en un sitio con seis escalones para bajar. ¿Qué son seis escalones?. Todo depende de para quien. Para mi los seis escalones pueden llegar a convertirse en todo un mundo.
No me lo pensé dos veces. Esperé justo encima del primer escalón que pasaran los diez minutos y mas, con lo que después de otros 15 sonó, como esperaba, el móvil y la pregunta fue ¿No vendrás a la reunión?. Si, claro. Por supuesto que pienso ir. Lo que no se es cuando, porque estoy aquí esperando a ver si los escalones se convierten en rampa, como la calabaza de Cenicienta.
Les aseguro que no tardaron ni dos minutos en aparecer todos los reunidos con los papeles en la mano y deshaciéndose en excusa.
¿Qué hacemos?.
Ah, no se. Yo veo tres opciones: La de dar con la varita mágica ya la he intentado, pero no funciona. La de que me bajéis entre todos como una procesión de semana santa no me apetece, así que creo que la mas razonable es que nos pasemos a otra sala. ¿Qué os parece?.
Por supuesto que esta fue la opción que todos aceptaron después de que todos me recordaran su mala memoria.
Por cierto, le dices a tu hermano que sofoquinas por el tema de las barreras precisas. Que proteste todo lo necesario y de forma contundente, pero que no se tome berrinches, que después los que lo sufrimos somos nosotros.