Hace unos días comencé a contar, en plan abuelo Cebolleta, mis andanzas por las radios, y digo radios porque al ser piratas las primeras, la única salida que nos quedaba cuando había una denuncia, una investigación o nos olíamos una visita de las autoridades era cerrar y abrir de nuevo con otro nombre, ¿se puede ser más ingenuo? y con otra ubicación. Vamos como muchas de las empresas constructoras, pero lo que pasa es que nosotros ganábamos lo sucinto para vivir y además no dejábamos tirado o arruinado a nadie.
Así pasé unos pocos de años cambiando de nombre y de sitio, bueno lo del sitio tampoco era mucho problema porque nos apañábamos con un cuarto alquilado en cualquier parte, que yo he pasado por un cuarto decente, uno de casa de vecinos que antes había sido supongo que un dormitorio con derecho a cocina y retrete en el corral, una habitación en una casa noble, supongo que de cargadores o así, venida a menos, por una buhardilla que los últimos escalones debía subirlos arrastrando el culo, porque no había otra forma con los bastones y hasta en un gallinero, con sus gallinas y todo, que se pueden imaginar lo que es intentar hacer un programa escuchando por los auriculares un gallo cantando o un perro ladrando, pero se hizo.
¿Oyentes? Eso si teníamos y lo digo sin ningún tipo de vanidad y yo tenía muchos más porque me tocó hacer las mañanas y todavía no estaban ni la Campos ni la Ana Rosa dando el tostón. La verdad es que eran muchísimos y como ejemplo les voy a contar una anécdota:
Acababa de reaparecer Isabel Pantoja después de la muerte de Paquirri, había sacado un disco que se llamaba Marinero de Luces y era el no va más. Ese verano actuaba en Chipiona y la empresa nos hizo una campaña de publicidad donde durante 15 días regalábamos algunas entradas para el concierto.
Les aseguro que eran tantas las llamadas que teníamos que no nos daba tiempo a colgar el teléfono y la forma de hacerlo era mientras uno hacía el programa, otro estaba con el teléfono en la mano y en lugar de colgar normalmente lo hacía con un dedo para que diera tiempo a mas llamadas. Una cosa bestial, de verdad.
Claro que como al perro flaco todo se le vuelven pulgas y lo bueno no podía durar mucho, una mañana en medio del programa llamaron a la puerta y era un señor de Telefónica que se coló hasta adentro con cara destemplada.
- Ustedes que se han creído. Acaso creéis que una emisora pirata de mierda puede dejar sin teléfono a las doce del medio día a toda Sanlúcar.
Por lo visto el día anterior habían sido tantas las llamadas al mismo tiempo que la central de teléfonos de Sanlúcar de Barrameda había saltado y se había averiado dejando a todo el mundo sin teléfono y a ellos por lo que más les dolía era que habíamos dejado sin teléfono era a los bancos, porque repetían.
- Ustedes se creéis que podéis dejar sin línea a todos los bancos de Sanlúcar….
Y después de decir esto, ni corto ni perezoso se acercó a nuestro cable telefónico y nos dejó sin línea de la forma más fina que se puede hacer: Dándole un tirón al cable y a tomar por culo la bicicleta.
En ese momento no me dio tiempo ni a reaccionar, pero ahora que lo pienso creo que lo que era una mierda no era sólo la emisora de radio, sino la central de teléfonos de Sanlúcar de Barrameda.
Por cierto que uno que es muy mal pensado, y ya se sabe que los mal pensados casi siempre aciertan, cree que algo también tuvo que ver alguien del ayuntamiento en la historia del teléfono, porque además daba la casualidad que andábamos algo peleados porque ante la negativa a hacer una campaña de las galas de verano, nosotros la hicimos de las del ayuntamiento de Chipiona, y la Pantoja era mucha Pantoja.
¿Qué como solucionamos el tema del teléfono? Pues muy fácil le pedimos prestado el teléfono a la vecina de al lado, que no sabía el coñazo que se le venía encima y que la pobre era una santa, porque yo con un teléfono sonando y sonando preguntando por la radio, los habría mandado a hacer puñetas.

Así pasé unos pocos de años cambiando de nombre y de sitio, bueno lo del sitio tampoco era mucho problema porque nos apañábamos con un cuarto alquilado en cualquier parte, que yo he pasado por un cuarto decente, uno de casa de vecinos que antes había sido supongo que un dormitorio con derecho a cocina y retrete en el corral, una habitación en una casa noble, supongo que de cargadores o así, venida a menos, por una buhardilla que los últimos escalones debía subirlos arrastrando el culo, porque no había otra forma con los bastones y hasta en un gallinero, con sus gallinas y todo, que se pueden imaginar lo que es intentar hacer un programa escuchando por los auriculares un gallo cantando o un perro ladrando, pero se hizo.
¿Oyentes? Eso si teníamos y lo digo sin ningún tipo de vanidad y yo tenía muchos más porque me tocó hacer las mañanas y todavía no estaban ni la Campos ni la Ana Rosa dando el tostón. La verdad es que eran muchísimos y como ejemplo les voy a contar una anécdota:
Acababa de reaparecer Isabel Pantoja después de la muerte de Paquirri, había sacado un disco que se llamaba Marinero de Luces y era el no va más. Ese verano actuaba en Chipiona y la empresa nos hizo una campaña de publicidad donde durante 15 días regalábamos algunas entradas para el concierto.
Les aseguro que eran tantas las llamadas que teníamos que no nos daba tiempo a colgar el teléfono y la forma de hacerlo era mientras uno hacía el programa, otro estaba con el teléfono en la mano y en lugar de colgar normalmente lo hacía con un dedo para que diera tiempo a mas llamadas. Una cosa bestial, de verdad.
Claro que como al perro flaco todo se le vuelven pulgas y lo bueno no podía durar mucho, una mañana en medio del programa llamaron a la puerta y era un señor de Telefónica que se coló hasta adentro con cara destemplada.
- Ustedes que se han creído. Acaso creéis que una emisora pirata de mierda puede dejar sin teléfono a las doce del medio día a toda Sanlúcar.
Por lo visto el día anterior habían sido tantas las llamadas al mismo tiempo que la central de teléfonos de Sanlúcar de Barrameda había saltado y se había averiado dejando a todo el mundo sin teléfono y a ellos por lo que más les dolía era que habíamos dejado sin teléfono era a los bancos, porque repetían.
- Ustedes se creéis que podéis dejar sin línea a todos los bancos de Sanlúcar….
Y después de decir esto, ni corto ni perezoso se acercó a nuestro cable telefónico y nos dejó sin línea de la forma más fina que se puede hacer: Dándole un tirón al cable y a tomar por culo la bicicleta.
En ese momento no me dio tiempo ni a reaccionar, pero ahora que lo pienso creo que lo que era una mierda no era sólo la emisora de radio, sino la central de teléfonos de Sanlúcar de Barrameda.
Por cierto que uno que es muy mal pensado, y ya se sabe que los mal pensados casi siempre aciertan, cree que algo también tuvo que ver alguien del ayuntamiento en la historia del teléfono, porque además daba la casualidad que andábamos algo peleados porque ante la negativa a hacer una campaña de las galas de verano, nosotros la hicimos de las del ayuntamiento de Chipiona, y la Pantoja era mucha Pantoja.
¿Qué como solucionamos el tema del teléfono? Pues muy fácil le pedimos prestado el teléfono a la vecina de al lado, que no sabía el coñazo que se le venía encima y que la pobre era una santa, porque yo con un teléfono sonando y sonando preguntando por la radio, los habría mandado a hacer puñetas.
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