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sábado, 13 de febrero de 2021

Día Mundial de la Radio



Hoy que es el Día Mundial de la Radio y aparte de los años que trabajé en ella, creo que el amor que tengo por la radio viene del recuerdo una época de mi vida donde la radio era algo importante por la cantidad de horas que dedicaba a escucharla, sobre todo en las tardes. Mis tardes de Bonanza eran tardes de radio, tardes de no muchos años pero que me permitían fantasear, imaginar y hacer todas aquellas cosas que mi cuerpo no me permitía hacer, pero contrariamente a lo que pudiera parecer no considero que fueran tardes tristes. Fueron tardes alegres de escuchar la radio, leer tebeos y jugar, juguetear simplemente con piedras, siempre en el patio de mi casa.
Y una de las voces que recuerdo de Radio Sevilla, yo siempre escuchaba en aquella época Radio Sevilla, era la de Marisa Carrillo.
La radio de los discos dedicados, incluso la radio de las radionovelas, para luego interesarme por la radio de las mañanas, la radio de Luis del Olmo.
Mi amor por esa radio que escuchaba mientras mis amigos estaban en el colegio.
Hoy, Día Mundial de la Radio no quiero que termine sin un recuerdo también para todos aquellos compañeros con los que compartí tantos momentos bonitos, tantos momentos de ilusión, de alegría y todas esas personas que nos escuchaban en su momento.
Mis amigos, algunos de los que ahora hemos vuelto a retomar un poquito de radio, mis amigos Juan Antonio Caro, Ángel Ceballos y José Antonio Hernández, que ahora hacemos Mas que nada, que es un programa de radio en internet los famosos podcast.
Y también para todos  aquellos con los que comparto en estos momentos muchos ratos de diversión, entretenimiento e información:
Pepa Fernández, Pepa Bueno, Carles Francino, Angels Barceló, Mara Torres, Carles Mesa, David, Broncano o Iñigo Alfonso o Nacho Ares.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Premio Antena de Oro

Me entero, supongo que, por Telecinco, que es su cadena, que le han dado a Ana Rosa Quintana, el premio Antena de Oro 2020.

Hasta aquí todo bien, pero dicen que el premio lo da la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España, y es cuando me entra la risa floja y me pregunto: ¿Quién compone esas asociaciones de radio y televisión? No conozco absolutamente nadie que forme parte de una asociación de televisión, bueno excepto algún chorra que sale de vez en cuando en alguna cadena protestando porque se ha visto una teta a alguien, pero que nunca protesta por la telebasura, ni por las MENTIRAS, con mayúsculas, que nos cuentan en algunos informativos de televisión.

Yo, que no soy absolutamente nadie, si me hubiesen dado esa Antena de Oro, que seguramente mente ni será de oro ni nada, porque si fuese de oro siempre se podría vender o fundir, nunca aceptaría un premio de esa federación que ni siquiera se que es lo que hacen. 

También es verdad que nunca he creído absolutamente nada en  esas asociaciones y esas federaciones.

viernes, 22 de noviembre de 2019

La portada del día 22 de noviembre



Leo sólo la portada del periódico y me doy cuenta de la poca vergüenza que tienen la mayoría de los gobernantes del mundo, sí, he dicho del mundo completo, y lo que me temo es que eso ha sido así durante toda la historia de la humanidad, y seguirá siéndolo.
Hoy, la portada de cualquier periódico nos habla del brexit, de las elecciones británicas y de la madre que los parió a todos, con perdón, aunque no sé por qué eso es lo que piensan la mayoría de los británicos.
- ¿Tú no habías dicho que no escribirías más de política?, me dice mi compañero de desayuno cuando me ve con el cuaderno y el bolígrafo en la mano.
Eso me he dicho yo como mil quinientas veces, pero por lo visto yo soy de los que tropiezo mil quinientas una veces, o más,  con la misma piedra.
Mientras que los ingleses están distraídos con el brexi, los rusos andan zascandileando, en otros países que no el suyo,  por supuesto, que dicen que han encontrado espías en Cataluña intentando liarla, supongo que a petición de los liantes. Y a uno de esos espías ya lo habían visto antes por el Reino Unido y en Bulgaria liándola con los famosos fake news o noticias falsas, que a mí me ponen de los nervios.
Y mientras, allí el Putin dice que está por declarar “agentes extranjeros” a periodistas que  cobran del exterior.
¿Aquello de consejos doy, que para mí no tengo?




jueves, 1 de noviembre de 2018

Mis historias en la radio: Día de los Santos

Hoy al bajar para el centro, al pasar por delante del cementerio vi un montón de gente que entraba y salía con flores, como día de los Santos que es y me acordé de una anécdota que viví hace ya un montón de años en Radio Joven, cuando por la fecha de los Santos a mis compañeros se les antojó hacer una retransmisión en directo para el programa el día de los Santos o de los Difuntos, no recuerdo bien cual, desde el cementerio.
Me acuerdo que entre mis compañeros Luis Vázquez, José Antonio Hernández y Gerardo Calado me prepararon una unidad móvil, que era para verla, porque en el cuad, moto de cuatro ruedas, que yo tenía empotraron una antena, con un tubo de los de antena de televisión y después llevaba pegada con cinta aislante la emisora, entre las piernas, que yo ni recuerdo donde puñetas se enchufaba o si era de pilas o batería. Vamos, un número.
Todo preparado, y el día de la retransmisión amanece lloviendo, y ahí me tenéis con todos los tiestos y un chubasquero para mí y otro para la unidad móvil, que por supuesto acabamos unidad y yo como una sopa, sin poder entrevistar a casi nadie, porque el cementerio estaba casi vacío, y anegado. Creo que al final aquello, como era lógico, funcionaba como el culo y solo pude entrevistar a uno de los chavales que estaban vendiendo flores en la puerta.
Pero esto era la radio de aquellos tiempos, una trabajera para luego casi nada de resultados, aunque si mucha ilusión y además nos divertíamos muchísimo. Claro, es que éramos mucho más jóvenes.
Unos años después, ya en Radio Occidental, que en paz descanse, volvimos mis compañeros Juan Antonio Caro y Ángel Ceballos, en el programa de los fines de semana, que llevaba el título de Nadie es perfecto a hacer otra conexión desde el cementerio el día de los Santos o Difuntos, pero ya aquí lo hicimos con un teléfono móvil, que era como un ladrillo, pero no dejaba de ser más cómodo.

Nota: Otro día les contaré la historia del carnet de Radio Joven que aparece en la foto, que también es divertido.
La foto de la moto se hizo bastante después, en el 97, y el que aparece delante es mi sobrino Carlos, que hoy ya tiene mas de 20 años.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Mi historia en la radio: (Capítulo III) Una tarde sin música

Hoy me apetece contar una experiencia en la radio, que vista hoy día después de veinte años me resulta graciosa, pero que cuando la viví me pareció la que podría ser la más horrible que se puede pasar en una emisora de radio.
Ocurrió en agosto del año 1989, me acuerdo perfectamente porque estos fueron los únicos seis meses que he trabajado en una emisora legal. Bueno legal hasta que después de que consiguió cargarse a la emisora “pirata”, pero alegre, divertida y fresca, que existía en Sanlúcar, y terminó convirtiéndose en un poste que servía y sirve únicamente de repetidor de la cadena, para tener más cobertura, pero de programación local ni pun.
Bueno también estuve, esta vez en compañía de los dos mejores compañeros de radio que se ha podido tener, Ángel Ceballos y Juan Antonio Caro, durante varios años haciendo las mañanas de los sábados y los domingos, en otra emisora de radio local que también terminó convertida en un poste repetidor de la misma cadena, pero de eso hablaré otro día.
En el verano del año 1989 me llamaron de esa radio, que ni siquiera voy a nombrar, para hacerme un contrato para que me encargara de hacer un programa las tardes radiofónicas. Recuerdo que me trataron como a toda una estrella local e incluso me llevaron para tratar del contrato a Bajo de Guía, a Casa Bigote. No estuvo mal y además aunque el contrato era sólo de seis meses, cobraba más por dos horitas que mis compañeros que estaban todo el pringaos.
- Pero te tienes que encargar también de buscar publicidad y te llevas el 20% de lo que se contrate.
- Lo tienes claro, pensé yo entre langostino y langostino.
Yo asentí con la cabeza y miré el contrato, pero en el contrato no ponía que era mi obligación buscar publicidad, sino que sólo especificaba que debía hacer un programa diario de dos horas, de lunes a viernes. Después, muy listos ellos, habían puesto un artículo que decía que cobraría el 20% de la publicidad que buscase, pero en ningún momento me obligaba a buscarla.
Les puedo asegurar que a mí en esos momentos me importaba tres pimientos trabajar o no en la radio, entre otras cosas porque ese mismo mes había empezado a trabajar en otro sitio, donde continuo ahora, y allí ganaba como cuatro veces más que en la radio, pero me apetecía jugar con los que habían estado tanto tiempo jugando conmigo, con mis compañeros y puteándonos a base de bien y además era una cuestión de vanidad el estar seis meses allí.
Les puedo asegurar que no busqué ni una publicidad, entre otras cosas porque si existe en este mundo algo que me reviente es ponerme a buscar publicidad. Cada uno sirve para lo que sirve.
Como era de esperar los meses pasaron y pronto llegó el momento de finalización del contrato. Me llamó el director, esta vez no vino el dueño de la emisora, con lo cual ya no fuimos a Casa Bigote y nos tuvimos que conformar con una cervecita frente a mi otro trabajo.
- Mira, que he estado hablando con don Fernando y me ha dicho que las cosas no van bien y que no puede renovarte el contrato.
- No, si yo hoy te iba a decir que no puedo seguir. Me es muy complicado compaginar los dos trabajos y como comprenderás….
- Pero existe otro problema.
- ¿Otro?.
- Si, es que se me ha olvidado enviarte la comunicación de cese del contrato con los quince días de antelación.
- Ah, bien.
- Y quería pedirte el favor de que me lo firmaras.
- Ah, sin ningún problema. ¿Con que fecha quieres que te lo firme?.
Anda picha, que ni a los “piratas” se nos habría pasado una tontería tan grande, porque si yo hubiese querido les habría costado el dinerito. No mucho, pero bueno.
Aunque lo que yo les quería contar de aquella emisora, para que vean como funcionaban, es que cuando un día llegué a las tres y medias, a esta horita no me extraña que firmara el finiquito, para preparar un poquillo el programa que comenzaba a las 16’30, y me encontré con el compañero que se suponía que era el jefe local y me dice.
- Antonio, hoy no puedes poner música.
- ¡¿Comoooooo?!.
- Si, que no puedes poner música. Solo hablar y publicidad.
- Como voy a hacer un programa así, además sin preparar nada y sin posibilidad de prepararlo. No me da tiempo. Tu sabes que yo me comento una noticia y luego pongo una canción.
- Pues hoy no puedes poner música.
- ¿Ninguna música?. Supongo que la sintonía del programa si, ¿o tampoco?.
- Si, pero una para todo el programa. Tampoco como sueles hacer de ponerte varias músicas de apoyo.
- ¿Y eso a que se debe?. ¿Se van a gastar los discos?.
- No, es que durante tu programa va a estar aquí un tio de la Sociedad de Autores anotando las canciones que pones.
- Ah, que además tengo que hacer el programa con público.
Por lo visto la estúpida idea era que el señor de la Sociedad de Autores creyera que en esa emisora de radio no se ponía música y que su única programación era un gili leyendo chorradas del Diario de Cádiz. Al encenderse la lucecita roja de abrir el micrófono se me encendió en mi cerebro una de lo que hacer.
- Ah, no quieren música, pues tendrán publicidad y además gratuita.
Así que cada cuatro o cinco minutos de comentarios ponía seis o siete cuñas publicitarias y así me daba tiempo a respirar y a buscar otra noticia que comentar, que comenté hasta las esquelas mortuorias.
Al terminar el programa el señor de la Sociedad de Autores se acercó a mi y me dijo:
- Que cosas te hacen hacer. De todas formas felicidades, porque has conseguido estar dos horas sin poner una canción y además con un montón de publicidad.
Yo pensé.
- Gratuita, pero publicidad.
Cuando se fue el de la Sociedad de Autores, se acercó a mi el encargado local y me dice.
- Quillo, que has puesto una jarta de anuncios. A ver que dicen ahora en Jerez.
A lo que yo me limité a contestar:

- Vete a hacer puñetas.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Mi historia en la Radio (Capítulo II)

Hace unos años tuve una experiencia que me gustaría contar porque creo que es parecida a lo que deben sentir los famosos, famosillos y famosetes con los ataques de las cámaras, micros, vídeos y ahora hasta con los teléfonos móviles que tienen opciones para todo, hasta para sacarte mientras haces pis o grabarte mientras le cuentas algo íntimo y personal a ese amigo de copas al que te refugias cuando empiezas a estar mal.
En ese tiempo trabajaba un servidor para la radio y para uno de esos periódicos de provincias, que suelen llamar corresponsal al que tienen en el pueblo pagándole tres pesetas por que le rellene una página.
Aquel día tocaba la presentación de una de las fiestas de ese pueblo, llamado Sanlúcar de Barrameda en la provincia, en este caso la provincia de al lado.
Para hacer una presentación rimbombante y de postín no se le ocurrió al señor concejal del evento otra cosa que montar a las fuerzas vivas de la ciudad, entiéndase a los presidentes de las asociaciones de vecinos, recreativas, deportivas, culturales, algunas personalidades locales, vamos los VIP de allí y por supuesto los medios informativos, y meterlos a las ocho de la mañana en un par de autobuses y llevarlos a la localidad de la presentación.
Allí llegamos como a las diez de la mañana, con más hambre que un caracol en la vela de un barco, porque a los organizadores sólo se les ocurrió darnos en el camino una copita de vino moscatel, y a mí me pareció un poco cateto y provocador lo de llevarme el bocadillo de tortilla que tenía pensado. Bueno y también porque pensé que pararíamos por el camino a desayunar. Po no.
Toda la mañana nos tuvieron de aquí para allá, como puta por rastrojo, y en medio si aproveché para parar en un almacén y comprarme un bocadillo de chorizo que me supo a gloria.
A la una de la tarde era la recepción en el Ayuntamiento de Sevilla, que era donde se presentaba el cartel festivo, y allí si hubo algo de comer, sobre todo algún remedo de canapé pijo, pero que yo diría que más bien eran de todo a cien. ¿No es eso lo que suelen poner todos los ayuntamientos en sus actos protocolarios?.
Sobre las dos de la tarde ya se había acabado la presentación y los canapés, pero no las sorpresas, porque ya nos habían informado que la vuelta la realizaríamos en barco. Si, he dicho en barco. Pero en barco en plan crucero cutre, es decir que nos metieron en el barquito a las dos de la tarde y salimos del mismo a las ocho, quedando hasta el horro de barquito, del ideal paisaje, de tanto canapé repetido y ya seco, de tanto baile de sevillanas, porque que es un buen viaje que se precie sin un grupo de sevillanas que lo anime y doscientos cubatas de más, porque eso sí, cubatas había para hartar. Claro que a lo mejor es que sin los cubatas no había nadie que soportara el viajito, que de haber durado hora y media habría sido maravilloso.
Claro que como todos sabemos, si algo está mal, siempre cabe la posibilidad de empeore hasta extremos infinitos, aquí no iba a ser menos.
Además del lento circular del barco, los canapés secos, las bebidas ya calientes, las sevillanas ya archirrepetidas y los compañeros de viaje que me importaban tres pimientos pero que con los efluvios etílicos trataban de ser los más simpáticos y agradables sin conseguirlo, lo peor del viaje fue que entre los invitados estaban dos televisiones locales, que ese pueblo era el más moderno del país y tenían entonces dos teles y por supuesto cada uno de ellas llevaba su cámara, que no sé donde coño sacó tanta batería y sus preguntadores jartibles
¿Se imaginan ustedes lo que es estar durante horas y horas con una cámara en el cogote?. Una cámara que no paraba para nada y que te pillaba a traición en cuanto podía. No sé a los demás pasajeros, pero a mi me tenían completamente nervioso y en algún momento llego al histerismo. Nunca entenderé que merito puede tener verme a mi comer, charlar, reir o rascarme los cataplines, porque nos sacaban estuviésemos haciendo lo que fuera, con la mala interpretación que da una imagen de televisión cortada en el momento inoportuno. ¿Todo el día comiendo?. ¿Solo va para beber?. ¿A quien estaba toqueteando?, etc. etc. etc.
Ese día juré, y lo he cumplido, que nunca ¡Nunca! Más iría a algo parecido, ni pagándome.

sábado, 25 de agosto de 2018

Mi historia en la radio (Capítulo I)

Nunca había pensado en dedicarme a la radio. Era algo que jamás me había planteado, ¿o si?, porque el gusanillo creo que entro en mi interior con aquellos discos dedicados que escuchaba mi madre mientras lavaba en el lebrillo y con jabón verde, que entonces no había lavadoras o por lo menos no estaban muy extendidas. Yo permanecía atento con cinco o seis años a esa música y recuerdo perfectamente la sintonía que me llamaba la atención porque era silbada, luego más tarde me enteré que se trataba de la banda sonora de la película El puente sobre el Río Kwai.
"A Carmen, la niña más bonita de España, de sus padres con mucho cariño por el día de su cumpleaños".
¿Se acuerdan?.
Luego, muchos años más tarde, visité una mañana la emisora Radio Cádiz. Estuve viéndola, e incluso me dijeron que si quería hacer alguna colaboración desde Sanlúcar no había ningún problema y hasta creo recordar que les envié una entrevista que le hice al grupo musical Jarcha, cuando vinieron al Gran Cinema de Sanlúcar de Barrameda.
Un día, debía tener yo como veinticuatro o veinticinco años, íbamos un amigo y yo a dar una vuelta en el coche y estábamos escuchando una canción en la radio “pirata” de mi ciudad, que entonces se llamaba Radio Joven.
- Sabes, la emisora de radio esa está por aquí. ¿Vamos a verla?. Vemos como es una emisora de radio por dentro.
- Que manía tuya por la radio…
Dicho y hecho, a los pocos minutos estábamos llamando a una puerta metálica y ruidosa de una habitación y nos abrió un chaval joven que nos preguntó que queríamos.
- ¿Podemos ver la emisora de radio?
La verdad es que la emisora no era nada del otro mundo, vamos que era solo un cuarto bastante cutre. Un montón de discos por todos lados, las paredes llenas de posters de revistas, una especie de mostrador con los mandos empotrados, que no eran mas que una mezcladora, dos platos, una pletina y poco mas.
- ¿Quieres dedicar un disco?. – Preguntó el chaval a mi amigo Diego, mientras le ofrecía el micrófono.
- Yo no, que me da mucha vergüenza. Este es más lanzado y veras como habla.
Pues si que fui mas lanzado, porque sin comerlo ni beberlo me vi presentando y dedicando un disco de Miguel Bose que creo que se llamaba Bravo muchachos. Todo quedó ahí en la tontería de presentar un disco un domingo por la mañana cuando uno está un tanto aburrido y no sabe que hacer, sobre todo si se tiene muy poquitas pelas y se deben alargar los tiempos sin dinero.
Nos encontrábamos allí viendo como funcionaba aquello que decían era una emisora de radio y como sonaba el teléfono pidiendo canciones, porque el domingo por la mañana era un programa de discos dedicados, casi como los que escuchaba mi madre, que para algunos había evolucionado muy poquito la radio.
Llevaríamos allí un cuarto de hora cuando de pronto se abrió la puerta y alguien casi sin decir buenos días preguntó que quien era el que había hablado.
- Yo, ¿por qué?.
- Te he escuchado. ¿Quieres hacer un programa por las tardes?.
- ¿Yo?. Pero si yo no se nada de radio.
- Me gusta tu voz y además me ha gustado como has presentado el disco.
Joder, esto si que es llegar y pegar.
- Pero si yo no tengo ni idea de radio y además entiendo muy poco de música.
- No te preocupes, vente mañana a las siete de la tarde y durante unos días Paco se quedará contigo para que vayas aprendiendo como funcionan todos los aparatos.
- Pero......., y que digo.
Lo último que hice en radio fue en Radio Occidental
- Haz lo que has hecho hoy con el disco que has presentado.
Anda coño, pero si yo solo quería ver como funcionaba una emisora de radio y me veo metido de lleno en un programa. Esto si que fue un casting y lo demás es cuento.
Después me enteré que la cosa tampoco tuvo tanto merito porque el chaval que hacía el programa a esa hora lo había dejado porque empezó a trabajar en un sitio donde le pagaban más, que tampoco era difícil, porque allí disfruté mucho pero cobrar, cobrar, cobrabamos bastante poquito, aunque a mi me vino bastante bien.
Así comenzó mi aventura en la radio, que duró unos cuantos años.
Era el otoño del año del año 1984.

martes, 12 de diciembre de 2017

Insultos, ofensas y amenazas

Comprendo perfectamente que es muy, muy desagradable recibir insultos, ofensas o amenazas, pero creo que muchos con tal de llamar la atención son capaces de armar la marimorena por salir en los periódicos diciendo que los han insultado, ofendido o amenazados, y los periódicos por rellenar páginas, que ahora con lo de las ediciones digitales deben estar todo el día, y la noche poniendo noticias, con lo cual la mayoría de ellas, además de hermanas gemelas en todos ellos, son totalmente tonterías, pamplinas y chuminadas.
Quiero contarle una experiencia personal que tuve hace ya un montón de años, por los años ochenta, cuando yo trabajaba en la radio, por supuesto en una emisora pirata, que yo siempre he sido de parche en el ojo, y tampoco me importa demasiado. En esos tiempos también había gilipollas, que no crean que son exclusivos de estos momentos, y no recuerdo que tema trataría esos días en el programa que presentaba cada mañana, que un día cuando llegué a la emisora, que yo era el que abría por las mañanas sobre las nueve, me encontré en el suelo, porque lo habían metido por debajo de la puerta un papel que decía lo siguiente: TEN CUIDADO CON LO QUE DICES, QUE TU NO PUEDES CORRER. Que además de una amenaza me parece una verdadera ordinariez y poca educación.
Como pueden comprobar, la amenaza no puede ser más clara, porque lo seguro es que lo de correr no era precisamente para darme un regalo.
En un principio el susto te lo llevas, para que decir lo contrario, que uno tampoco está para carreras, pero después recapacité y me dije que no iba a contar absolutamente nada a nadie, sólo se lo dije a mis compañeros, para comentarle que no íbamos a decir nada, que si lo contábamos todavía era darle mucha más publicidad, mas bombo y platillo, que era lo que buscaban, porque yo estaba convencido que los que me habían mandado el anónimo lo que querían era acojonarme, porque los cobardes tienen eso, y que nosotros les diésemos publicidad, entre otras cosas yo creo que sabía quiénes eran, aunque no podía demostrar nada.
Creo que con las amenazas, insultos y ofensas en las redes sociales ocurre algo parecido, lo que pasa es que le damos demasiada importancia, o lo mismo nos sentimos muy importantes porque hemos sido amenazados, insultados u ofendidos, que también puede ser.

lunes, 13 de febrero de 2017

Día de la Radio

Es el día 19 de octubre del año 2011 cuando la Conferencia General de la Unesco proclama el 13 de febrero como el Día Mundial de la Radio, y se escogió esa fecha porque fue la que las Naciones Unidas crearon la Radio de las Naciones Unidas el año 1946.
La idea de establecer el Día Mundial de la Radio se debe al presidente de la Academia Española de la Radio, Jorge Álvarez, que el mes de enero del año 2008 solicitó la instauración de esta celebración.
Yo también quiero celebrarlo poniendo este escribo porque a mí la radio me ha dado muchos momentos de felicidad, cuando estuve haciendo programas en los años ochenta en Radio Joven, con José Antonio Hernández y Luis Vázquez, luego en Radio Sanlúcar y por último en Radio Occidental, esta vez en compañía de mis amigos Juan Antonio Caro y Ángel Ceballos, un programa los fines de semana por la mañana que llevaba el título de Nadie es perfecto, nombre que decidí recuperar para este blog, hasta que la propiedad pensó que lo mejor era convertir una emisora en un poste de Radio Jerez.
Algunas veces me entra la melancolía de aquello tiempos, aunque ahora no sería capaz de hacerlo, entre otras cosas temo que no sea lo mismo y acabe fastidiando unos recuerdos tan buenos como tuve, y aunque me han ofrecido hacer algún programita en algunas de las emisoras de Sanlúcar, prefiero recordar.

Feliz día de la radio.

miércoles, 20 de mayo de 2015

¡Qué miedo, saber tanto!


Mi afición por la copla nace cuando hace ya un montón de años me encargan en la radio que haga un programa matinal de tres cuatro horas, que ya son horas, y entre las secciones debía tener una que estuviese dedicada a las coplas. En un principio me pareció una barbaridad, un sinsentido que hiciese algo que no me gustaba, pero después de unos días le fui pillando el punto y terminé amando la copla e incluso en aquellos años tuve alguna discusión con alguna persona que decía ser muy de izquierdas, aunque más tarde terminó en la derecha, porque decía que yo hacía un programa de música franquista. Después, cuando todos descubrimos la copla, cuando vimos que la copla era una música y no una ideología, y que hubo cantantes de coplas de derechas, pero también los hubo que sufrieron la derecha, esas mismas personas terminaron escuchando a Carlos Cano cantando Maricruz.
En ese tiempo yo escuchaba en Radio Nacional los sábados por la mañana un programa de coplas que presentaba Hilario López Millán, que de coplas sabe tela, y me hacía mucha gracia porque siempre comenzaba el programa con mucho humor con una frase que me gustaba mucho: ¡Qué miedo, saber tanto!.

Con el tiempo yo fui asumiendo esa palabra, pero no sólo para la copla, sino que la suelo utilizar para todo, sobre todo en política, en política sanluqueña también, porque la naturaleza, que no me dio otras cosas, si me ha dado una memoria privilegiada y el haber estado durante cerca de treinta años dentro de la Casa Grande, me ha permitido tener muchos, muchos datos, y cuando escucho algunas cosas me entra la risa floja al pensar la memoria tan frágil que tienen otros y suelo decir esa frase de Hilario López Millán: ¡Que miedo, saber tanto!.

lunes, 22 de abril de 2013

Mi historia en la Radio (Capítulo V)



Después de mucho tiempo sin contar nada de la radio, hoy quiero relatarles un capítulo que he recordado y que se completa con dos historias sobre los mismos personajes y con dos historias que también quiero contar porque a veces no nos acordamos cuando sucedieron:
Era el año 1984, no recuerdo bien la fecha exacta porque en esos días hubo varias ruedas de prensa y declaraciones, pero entonces la Casa de Maternidad de Sanlúcar se encontraba con problemas, que al final terminarían con el cierre de la misma y en una de esas ruedas de prensa que celebraban las fuerzas sociales de la ciudad en la misma Casa de Maternidad, donde estaba Gerarda Orleans Borbón, nieta del Infante Alfonso y presidenta de la Cruz Roja de Sanlúcar de Barrameda, una vez que hubo terminado la misma le dije que si querría ir a nuestra radio, a Radio Joven, que entonces se encontraba en la calle Pirrado.
Puedo ir el viernes a las siete, me dijo, pero tenéis que ir a buscarme y llevarme luego, porque tengo bastante prisa y no quiero perder el avión que debo coger esa misma tarde.
Vale, sin problema. Y recurrí como chofer a mi amigo Diego, que en su Renaul 6 nos fuimos a por ella, con el tiempo justo como buenos sanluqueños, al Botánico.
¿No vamos un poco justos de tiempo?, iba diciéndonos por el camino, y nosotros le decíamos que no, que sobraba tiempo.
Pero como la ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, saldrá mal, pues a nosotros esa tarde la famosa ley nos hizo la puñeta, porque, ¿a cuántas personas de Sanlúcar y forasteros conocen que se les haya pinchado el coche en la plaza Madre de Dios?. Seguro que a ninguno. Pues ya conocen a unos.
La cara de mi amigo era un poema, el de Gerarda ni les cuento, mientras preguntaba una y otra vez, ¿qué ha pasado, que ha pasado?. Y repetía de forma machacona que no llegábamos, que no podríamos hacer la entrevista.
Igual que conozco a nadie que haya pinchado en esa calle, les aseguro que tampoco ha visto en mi vida a nadie que cambie la rueda del coche tan rápido como Diego ese día.

Al final pudimos hacer la entrevista, todo salió bien, pero nuestros sudores pasamos.
La segunda historia ocurrió ese mismo año 1984 y con la misma persona. De esta anécdota me acuerdo de la fecha exacta, el 11 de agosto y el día siguiente Gerarda de Orleans había organizado una Fiesta Medieval en el Palacio de Orleans. Una fiesta benéfica que en ese momento intentaba recaudar dinero para la reapertura del Hospital de San Diego, que en esos momentos se encontraba cerrado. De esta fiesta dos anécdotas, una que el torero Paco Ojeda regaló un traje de luces que sería subastado junto a otros objetos y la otra, que nunca llegué a saber si fue cierta o simplemente un mito de los tantos que achacan al personaje, es que la duquesa de Medina Sidonia asistió vestida de mendiga. Nunca he conseguido saber si fue verdad o no.
Para esta fiesta se me había antojado volver a hacerle una entrevista a Gerarda de Orleans y quedamos un día antes de la misma en el Botánico, yo ya no estaba dispuesto a pasearla nunca más por las calles de Sanlúcar.
Vuelvo a recurrir a mi amigo Diego y ahí que nos vamos los dos, esta vez en un vespino, a las cuatro de la tarde, “con to el caló” y llegamos al Botánico y está esperándonos en la puerta un chiquillo que tendría unos ocho o nueve años, que era hijo de Gerarda y que nos acompañó por el largo camino del Botánico, el en bicicleta y nosotros en el vespino.
Por el camino, yo en uno de esos ataques de tontería que se tienen de vez en cuando, no se me ocurre otra cosa que preguntarle al niño desde la moto.
- Oye, ¿y a tu madre como debo llamarla?.
A lo que el niño, encogiéndose de hombros me contesta:
- No sé, yo la llamo Mami.
Creí que se me caía el mundo encima y acercándome al oído de Diego le dije:
-  Ves lo que pasa por gilipollas.
Fijate como me quedé que ni siquiera recuerdo si la entrevista se llegó a hacer, supongo que si.
 

domingo, 3 de abril de 2011

El hijo del ganaero

Andaba hoy por youtube intentando buscar una canción del grupo Jarcha que se llama Andalucía y ole, que me parecía muy divertida para ponerla, cuando de pronto aparece ante mis ojos la copla que acompaña este comentario y, ¡madre mía que es esto!.
Es una canción de una cantante llamada Antoñita Peñuela, que se llama El hijo del ganaero. Una más de esas coplas que narran el dramón de un niño que no quería ser torero pero su padre, que además era ganaero, se empeñaba en que fuese mataor, hasta que por fin el niño parece que se decidió y el padre estaba orgullo.
Claro que siendo una copla-melodrama el final no podía ser otro que la muerte del niño del ganaero entre los cuernos de un toro. ¡Un dramón!.
Normalmente esta canción hubiese pasado inadvertida y no le hubiese echado cuenta, si no fuese porque me trae un recuerdo de mis tiempos en la radio.
Como ya he contado, supongo que más veces de las necesarias, yo estuve haciendo un programa de radio matinal de tres horas en los años ochenta en una emisora de Sanlúcar de Barrameda, cuando la radio era radio y no ahora la Ana Rosa y compañía se han zampado la audiencia radiofónica, y claro no existía programa matinal de una radio local de aquella época que se preciase que no tuviera un ratito de la mañana donde los oyentes podían llamar para pedir discos e incluso felicitar con ellos: "A Juanito, el niño más guapo de su tía Florita". A alguno le parecerá un recurso fácil y pobre, pero bueno tendría que ver yo ahora a los locutores estrellas de las emisoras de radio actuales con los medios de las emisoras de radio de pueblos de los años ochenta e incluso noventa. Ahora es muy fácil.
Y he aquí que tengo en mi mente el recuerdo de que todos los días, y digo de verdad todos, tenía la petición de este disco de Antoñita Peñuela.
- Es que ya lo puse ayer, antes de ayer y el otro.
- Venga hijo, es que me gusta mucho.
Y yo al final terminaba poniéndolo un día, otro y otro, aunque me repatease porque en cambio nunca tuve ni una llamada quejándose porque la ponía todos los días.
Debe ser que los dramones ponen mucho, y las desgracias ajenas consuelan las de uno.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Radios piratas

Leo en alguna parte que el director de Onda Cero, Javier González Ferrari, ha señalado que el "gran inconveniente para la estabilidad de la radio es la piratería, alertando que este tipo de emisoras " son más que las legales” y las diferentes administraciones “se pasan la pelota y nadie hace nada para que se cumpla la ley". Lo leo y me entra la risa floja, porque aquí en España lo de las emisoras piratas es algo que todo el mundo ha tolerado, ha soportado e incluso algunas cadenas han potenciado en algún momento. Yo comprendo que ahora les escueza que Jiménez Losantos, que no me gusta ni un pelo el tipo de radio que hace, pero que no está haciendo otra cosa que lo que también han venido potenciando desde hace muchos años con los pirata: Como no tenéis cobertura para todo el día, en las horas muertas pon la mía. El tema de las emisoras piratas me recuerda la anécdota que viví hace muchos años, cuando yo trabajaba en una emisora pirata y una jueza de Sanlúcar de Barrameda me llamó a su despacho y me dijo que no podía seguir haciendo radio porque había una denuncia contra mí. Al preguntarle yo si iba a cerrar la emisora, me dijo que no, que la denuncia era directamente contra mí y que el único que no podía seguir emitiendo era yo, que los demás si continuaban no pasaba nada. Al final yo me quedé en la calle y mis compañeros continuaron con la emisora unos años más. ¿A que no lo entienden? Yo tampoco lo entendí en su momento, y me jodí. A lo mejor también habría que recordarle al señor González Ferrari que las emisoras de radio en estos momentos son concesiones administrativas que hacen las comunidades autónomas y que si se miraran las condiciones que le pusieron, tendrían que cerrar la mayoría de ellas porque incumplen muchos de los puntos, entre ellos el del tiempo de emisión local de cada una de ellas, porque en su mayoría se han convertido en un poste en un pueblo de una cadena. Porque, aunque usted no lo diga, todas las emisoras que existen en los pueblos de España tienen la obligación de emitir una serie de horas con programación local. Pongo el ejemplo de Sanlúcar de Barrameda. Tiene dos concesiones, Radio Sanlúcar y Radio Occidental, pues entre las dos no llegan a los diez minutos diarios realizados de programación local. Por cierto que yo estuve trabajando en las dos emisoras, cuando de verdad eran emisoras locales, y algún día de estos les pondré una fotografía para que vean donde tenía que subir para hacer el programa de radio.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Radio Joven

Este artículito lo escribí y se publicó hace ya un montón de años. No recuerdo cuantos y lo quiero recuperar ahora, aunque es bastante simplón, porque lo he encontrado en uno de los montones de papeles antiguos que tengo por todas partes.
La foto es la misma que publicaba “Sanlúcar Informativo”.
Me piden los compañeros de "Sanlúcar Informativo" que les escriba unos folios sobre la radio. En un principio me lo pensé detenidamente y surgió en mi mente una pregunta. ¿Quién eres tú para escribir sobre un tema del que no conoces demasiado? Deja que sean otros con más experiencia los que se dediquen a estas historias. ¡Zapatero, a tus zapatos!.
Pero esta mañana me levanté y pensé que lo que debía hacer es contar modestamente esas vivencias de cuatro años en algo parecido a una emisora de radio, en Radio Joven.
Este artículo puede servirme como examen de conciencia de lo poco que he hecho ante el micrófono. ¿Por qué elegí la radio? Sinceramente creo que no fui yo quien eligió, sino que fue ella a mí. Un día me vi delante de un micrófono presentando un disco de Miguelito Bosé y el siguiente día con un programa de media hora. He de reconocer que me sirvió. Para mí fue ese clavo ardiendo al que se agarra uno cuando tiene demasiadas horas para pensar y ningún trabajo que hacer.
A pesar de que en la última etapa de Radio Joven nosotros cobrábamos una especie de sueldo, hay algo que tengo claro, nunca hice radio por dinero. A veces el aburrimiento, el estar asqueado, hace más que la falta de dinero. Al principio no sólo no cobraba, sino que le tenía que pedir a mi madre dinero para el autobús. Aunque, si he de ser sincero, no me arrepiento, para mí el tiempo vivido en la radio ha sido lo más importante de mi vida, en ella he pasado los cuatro mejores años, he sido feliz y no me importa reconocerlo.
¿Qué entiendo yo por un programa de radio?
Lo definiría en tres palabras: ilusión, alegría e imaginación.
La ilusión es imprescindible a la hora de estar delante de un micrófono, pero aún lo es más cuando se está delante de la máquina de escribir preparando un programa. La radio no puede ser fría en absoluto, hay que ingeniárselas para que todo lo que se diga tenga sentimientos, incluso la publicidad. Si esto no ocurre, nunca se llega al oyente.
La alegría es primordial. Al oyente que escucha un programa de radio no le interesa en absoluto si el que lo hace tiene problemas familiares o si le duelen las muelas. Todas las preocupaciones personales se deben dejar fuera del locutorio. Esto, que puede parecer imposible y cruel, no lo es. Cuando se está delante del micrófono sólo se acuerda uno de las personas que están escuchando el transistor.
Quizás la imaginación sea el pilar más importante sobre el que se sustenta todo buen programa de radio. Imaginación para que el oyente vea, sienta, viva lo que se le está contando.
Como digo, para mí, el éxito de cualquier programa de radio radica en estas tres palabras, pero también añadiría dos más: veracidad y naturalidad. Nadie soporta que se le engañe o que se le trate de manipular.
En cuanto a la naturalidad, me gustaría contar una anécdota que me ha ocurrido más de una vez. Alguna persona me ha parado por la calle y cuando han hablado un rato conmigo, han comentado. «Oye, pero si tú hablas por la radio igual que en la calle». Qué le voy a hacer, si no sé hacerlo de otra forma. A esta frase suelo contestar medio en serio, medio en broma con otra. «Sí, yo hablo igual en la radio y en la calle, pero en la radio no digo tacos». Los oyentes captan enseguida, aunque no lo parezca, cuándo se está fingiendo.
Otra de las preguntas que surgen en mi mente es ¿qué era Radio Joven?. Esto ya es más complicado de contestar, se han oído tantas versiones, comentarios y rumores que no me aclaro. Por no saber, yo creo que ni los que estábamos en ella sabíamos muy bien lo que era. Cada uno tenía una idea diferente de lo que era un programa de radio. Esto no significa que unos estuviésemos equivocados y otros no. Significa que la radio para cada uno es algo totalmente diferente.
Lo único cierto es que pasamos cuatro años maravillosos, con nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestros problemas y nuestras vivencias. Pero aquello pasó y creo que no es bueno vivir siempre pendiente del pasado o intentar resucitar lo muerto. En esta vida hay que continuar la andadura, no podemos pararnos en el camino o corremos el riesgo de ser atropellados por el carro de la nostalgia o la desesperación.
Para terminar me gustaría contar algunas anécdotas vividas en Radio Joven; con ellas comprenderán un poco mejor lo que era realmente.
Si tuviera que comparar a Radio Joven, lo haría con una de esas carrozas de carnaval, divertidas y con un largo recorrido. Lean si no el nuestro: salida, no recuerdo dónde; calle Pirrado, calle Diego Benítez, Rubiños, volvimos a Pirrado, Alto de las Cuevas, Bonanza, calle Fariñas y recogida en calle San Agustín. Pasamos por todo tipo de lugares, desde una buhardilla de tres por cuatro metros, en donde no había ni servicios, hasta una casa maravillosa, con un patio lleno de macetas y que dicen que fue de no sé qué virrey. Pasando por un cuarto que cuando llovía había que hacer radio con impermeable puesto o una casa en el campo en donde a un maravilloso pastor alemán sólo se le ocurría ladrar cuando estaba el micrófono abierto. ¡Todo un portento!
Algo intrínseco a Radio Joven eran las bromas que nos gastábamos unos a otros, sobre todo Luis Vázquez, José Antonio Hernández y un servidor. De vez en cuando nos hacíamos cosquillas cuando teníamos el micrófono abierto, nos tirábamos papeles o pintábamos la cara al que estaba delante del micro. Claro que el que era objeto de las bromas debía permanecer impasible mientras estaba en micrófono abierto e intentar que los oyentes no notasen lo que allí ocurría.
Recuerdo un día que Luis estaba dando en directo una publicidad, en un momento de la cual debía decir algo parecido a «Aluminios el Cubo. Ahora, más cerca de usted». Bueno, pues a José Antonio no se le ocurrió otra.cosa que poner un cubo en la cabeza de Luis mientras lo decía.. Por cierto que aquel día Luis se enfadó terriblemente, pero lo de Aluminios el Cubo lo dijo perfectamente con cubo y todo.
Mientras viva no se me olvidará la primera entrevista que hice en Radio Joven. Creo que siempre he tenido demasiado valor o he sido demasiado inconsciente. A mí no se me ocurrió, como hubiese sido lo normal, hacer una entrevista de tres o cuatro minutos, sino que comencé con una de hora y media todos los viernes de doce a una y media de la madrugada. Claro que como, además de un inconsciente, soy un desastre, no se me ocurrió preparar ni siquiera un guión, sino que fue improvisada, porque en aquel tiempo yo pensaba, estúpido de mí, que las entrevistas salían mejor de una forma improvisada y natural.
Llegó el primer viernes de programa y con él, el invitado. El primero debía ser el Alcalde, pero como estaba de viaje, fue José Antonio Sáenz de Baranda. Si quieren que les cuente cómo salió la entrevista, soy incapaz. Yo estaba bastante preocupado con el sudor que corría por todo mi cuerpo y con los temblores de las manos como para fijarme en las preguntas. Imagino que el Sr. Sáenz de Baranda notaría algo raro, yo por si acaso nunca le pregunté.
A la mañana siguiente llamó una señora diciendo que la entrevista había estado bien, pero que se me notaba algo nerviosillo. Yo, por supuesto, no contesté. Luego pasaron por el programa José Luis Medina, Isidro García del Barrio, Duquesa de Medina Sidonia, Antonio Aviles, Ramón Rivero y algunos más, y desde entonces tuve la precaución de llevar siempre las pregun-titas apuntadas en un papel, porque ustedes no se imaginan lo que dura hora y media.
Ahora, después de cuatro años, sigo preguntándome: ¿Quién me diría a mí que las entrevistas improvisadas y sin guión salen mejor?
Podría continuar contando anécdotas, pero el espacio se acaba y ya tendré tiempo de contárselas otro día si nos vemos o si, por lo menos, nos escuchamos.