Y también para todos aquellos con los que comparto en estos momentos muchos ratos de diversión, entretenimiento e información:
sábado, 13 de febrero de 2021
Día Mundial de la Radio
Y también para todos aquellos con los que comparto en estos momentos muchos ratos de diversión, entretenimiento e información:
sábado, 28 de noviembre de 2020
Premio Antena de Oro
Hasta aquí todo bien, pero dicen
que el premio lo da la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de
España, y es cuando me entra la risa floja y me pregunto: ¿Quién compone esas
asociaciones de radio y televisión? No conozco absolutamente nadie que forme
parte de una asociación de televisión, bueno excepto algún chorra que sale de
vez en cuando en alguna cadena protestando porque se ha visto una teta a alguien,
pero que nunca protesta por la telebasura, ni por las MENTIRAS, con mayúsculas,
que nos cuentan en algunos informativos de televisión.
Yo, que no soy absolutamente
nadie, si me hubiesen dado esa Antena de Oro, que seguramente mente ni será de
oro ni nada, porque si fuese de oro siempre se podría vender o fundir, nunca aceptaría
un premio de esa federación que ni siquiera se que es lo que hacen.
También es verdad que nunca he creído absolutamente nada en esas asociaciones y esas federaciones.
viernes, 22 de noviembre de 2019
La portada del día 22 de noviembre
jueves, 1 de noviembre de 2018
Mis historias en la radio: Día de los Santos
Pero esto era la radio de
aquellos tiempos, una trabajera para luego casi nada de resultados, aunque si mucha
ilusión y además nos divertíamos muchísimo. Claro, es que éramos mucho más
jóvenes.viernes, 28 de septiembre de 2018
Mi historia en la radio: (Capítulo III) Una tarde sin música
Ocurrió en agosto del año 1989, me acuerdo perfectamente porque estos fueron los únicos seis meses que he trabajado en una emisora legal. Bueno legal hasta que después de que consiguió cargarse a la emisora “pirata”, pero alegre, divertida y fresca, que existía en Sanlúcar, y terminó convirtiéndose en un poste que servía y sirve únicamente de repetidor de la cadena, para tener más cobertura, pero de programación local ni pun.

- No, si yo hoy te iba a decir que no puedo seguir. Me es muy complicado compaginar los dos trabajos y como comprenderás….miércoles, 5 de septiembre de 2018
Mi historia en la Radio (Capítulo II)
En ese tiempo trabajaba un servidor para la radio y para uno de esos periódicos de provincias, que suelen llamar corresponsal al que tienen en el pueblo pagándole tres pesetas por que le rellene una página.
Aquel día tocaba la presentación de una de las fiestas de ese pueblo, llamado Sanlúcar de Barrameda en la provincia, en este caso la provincia de al lado.
Para hacer una presentación rimbombante y de postín no se le ocurrió al señor concejal del evento otra cosa que montar a las fuerzas vivas de la ciudad, entiéndase a los presidentes de las asociaciones de vecinos, recreativas, deportivas, culturales, algunas personalidades locales, vamos los VIP de allí y por supuesto los medios informativos, y meterlos a las ocho de la mañana en un par de autobuses y llevarlos a la localidad de la presentación.
Allí llegamos como a las diez de la mañana, con más hambre que un caracol en la vela de un barco, porque a los organizadores sólo se les ocurrió darnos en el camino una copita de vino moscatel, y a mí me pareció un poco cateto y provocador lo de llevarme el bocadillo de tortilla que tenía pensado. Bueno y también porque pensé que pararíamos por el camino a desayunar. Po no.
Toda la mañana nos tuvieron de aquí para allá, como puta por rastrojo, y en medio si aproveché para parar en un almacén y comprarme un bocadillo de chorizo que me supo a gloria.
A la una de la tarde era la recepción en el Ayuntamiento de Sevilla, que era donde se presentaba el cartel festivo, y allí si hubo algo de comer, sobre todo algún remedo de canapé pijo, pero que yo diría que más bien eran de todo a cien. ¿No es eso lo que suelen poner todos los ayuntamientos en sus actos protocolarios?.
Sobre las dos de la tarde ya se había acabado la presentación y los canapés, pero no las sorpresas, porque ya nos habían informado que la vuelta la realizaríamos en barco. Si, he dicho en barco. Pero en barco en plan crucero cutre, es decir que nos metieron en el barquito a las dos de la tarde y salimos del mismo a las ocho, quedando hasta el horro de barquito, del ideal paisaje, de tanto canapé repetido y ya seco, de tanto baile de sevillanas, porque que es un buen viaje que se precie sin un grupo de sevillanas que lo anime y doscientos cubatas de más, porque eso sí, cubatas había para hartar. Claro que a lo mejor es que sin los cubatas no había nadie que soportara el viajito, que de haber durado hora y media habría sido maravilloso.
Claro que como todos sabemos, si algo está mal, siempre cabe la posibilidad de empeore hasta extremos infinitos, aquí no iba a ser menos.
Además del lento circular del barco, los canapés secos, las bebidas ya calientes, las sevillanas ya archirrepetidas y los compañeros de viaje que me importaban tres pimientos pero que con los efluvios etílicos trataban de ser los más simpáticos y agradables sin conseguirlo, lo peor del viaje fue que entre los invitados estaban dos televisiones locales, que ese pueblo era el más moderno del país y tenían entonces dos teles y por supuesto cada uno de ellas llevaba su cámara, que no sé donde coño sacó tanta batería y sus preguntadores jartibles
¿Se imaginan ustedes lo que es estar durante horas y horas con una cámara en el cogote?. Una cámara que no paraba para nada y que te pillaba a traición en cuanto podía. No sé a los demás pasajeros, pero a mi me tenían completamente nervioso y en algún momento llego al histerismo. Nunca entenderé que merito puede tener verme a mi comer, charlar, reir o rascarme los cataplines, porque nos sacaban estuviésemos haciendo lo que fuera, con la mala interpretación que da una imagen de televisión cortada en el momento inoportuno. ¿Todo el día comiendo?. ¿Solo va para beber?. ¿A quien estaba toqueteando?, etc. etc. etc.
Ese día juré, y lo he cumplido, que nunca ¡Nunca! Más iría a algo parecido, ni pagándome.
sábado, 25 de agosto de 2018
Mi historia en la radio (Capítulo I)
Nunca había pensado en dedicarme a la radio. Era algo que jamás me había planteado, ¿o si?, porque el gusanillo creo que entro en mi interior con aquellos discos dedicados que escuchaba mi madre mientras lavaba en el lebrillo y con jabón verde, que entonces no había lavadoras o por lo menos no estaban muy extendidas. Yo permanecía atento con cinco o seis años a esa música y recuerdo perfectamente la sintonía que me llamaba la atención porque era silbada, luego más tarde me enteré que se trataba de la banda sonora de la película El puente sobre el Río Kwai."A Carmen, la niña más bonita de España, de sus padres con mucho cariño por el día de su cumpleaños".
¿Se acuerdan?.
Luego, muchos años más tarde, visité una mañana la emisora Radio Cádiz. Estuve viéndola, e incluso me dijeron que si quería hacer alguna colaboración desde Sanlúcar no había ningún problema y hasta creo recordar que les envié una entrevista que le hice al grupo musical Jarcha, cuando vinieron al Gran Cinema de Sanlúcar de Barrameda.
Un día, debía tener yo como veinticuatro o veinticinco años, íbamos un amigo y yo a dar una vuelta en el coche y estábamos escuchando una canción en la radio “pirata” de mi ciudad, que entonces se llamaba Radio Joven.
- Sabes, la emisora de radio esa está por aquí. ¿Vamos a verla?. Vemos como es una emisora de radio por dentro.
- Que manía tuya por la radio…
Dicho y hecho, a los pocos minutos estábamos llamando a una puerta metálica y ruidosa de una habitación y nos abrió un chaval joven que nos preguntó que queríamos.
- ¿Podemos ver la emisora de radio?
La verdad es que la emisora no era nada del otro mundo, vamos que era solo un cuarto bastante cutre. Un montón de discos por todos lados, las paredes llenas de posters de revistas, una especie de mostrador con los mandos empotrados, que no eran mas que una mezcladora, dos platos, una pletina y poco mas.
- ¿Quieres dedicar un disco?. – Preguntó el chaval a mi amigo Diego, mientras le ofrecía el micrófono.
- Yo no, que me da mucha vergüenza. Este es más lanzado y veras como habla.
Pues si que fui mas lanzado, porque sin comerlo ni beberlo me vi presentando y dedicando un disco de Miguel Bose que creo que se llamaba Bravo muchachos. Todo quedó ahí en la tontería de presentar un disco un domingo por la mañana cuando uno está un tanto aburrido y no sabe que hacer, sobre todo si se tiene muy poquitas pelas y se deben alargar los tiempos sin dinero.
Nos encontrábamos allí viendo como funcionaba aquello que decían era una emisora de radio y como sonaba el teléfono pidiendo canciones, porque el domingo por la mañana era un programa de discos dedicados, casi como los que escuchaba mi madre, que para algunos había evolucionado muy poquito la radio.
Llevaríamos allí un cuarto de hora cuando de pronto se abrió la puerta y alguien casi sin decir buenos días preguntó que quien era el que había hablado.

- Yo, ¿por qué?.
- Te he escuchado. ¿Quieres hacer un programa por las tardes?.
- ¿Yo?. Pero si yo no se nada de radio.
- Me gusta tu voz y además me ha gustado como has presentado el disco.
Joder, esto si que es llegar y pegar.
- Pero si yo no tengo ni idea de radio y además entiendo muy poco de música.
- No te preocupes, vente mañana a las siete de la tarde y durante unos días Paco se quedará contigo para que vayas aprendiendo como funcionan todos los aparatos.
- Pero......., y que digo.
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| Lo último que hice en radio fue en Radio Occidental |
Anda coño, pero si yo solo quería ver como funcionaba una emisora de radio y me veo metido de lleno en un programa. Esto si que fue un casting y lo demás es cuento.
Después me enteré que la cosa tampoco tuvo tanto merito porque el chaval que hacía el programa a esa hora lo había dejado porque empezó a trabajar en un sitio donde le pagaban más, que tampoco era difícil, porque allí disfruté mucho pero cobrar, cobrar, cobrabamos bastante poquito, aunque a mi me vino bastante bien.
Así comenzó mi aventura en la radio, que duró unos cuantos años.
Era el otoño del año del año 1984.
martes, 12 de diciembre de 2017
Insultos, ofensas y amenazas
lunes, 13 de febrero de 2017
Día de la Radio
miércoles, 20 de mayo de 2015
¡Qué miedo, saber tanto!
lunes, 22 de abril de 2013
Mi historia en la Radio (Capítulo V)
Fijate como me quedé que ni siquiera recuerdo si la entrevista se llegó a hacer, supongo que si.
domingo, 3 de abril de 2011
El hijo del ganaero
Es una canción de una cantante llamada Antoñita Peñuela, que se llama El hijo del ganaero. Una más de esas coplas que narran el dramón de un niño que no quería ser torero pero su padre, que además era ganaero, se empeñaba en que fuese mataor, hasta que por fin el niño parece que se decidió y el padre estaba orgullo.
Claro que siendo una copla-melodrama el final no podía ser otro que la muerte del niño del ganaero entre los cuernos de un toro. ¡Un dramón!.
Normalmente esta canción hubiese pasado inadvertida y no le hubiese echado cuenta, si no fuese porque me trae un recuerdo de mis tiempos en la radio.
Como ya he contado, supongo que más veces de las necesarias, yo estuve haciendo un programa de radio matinal de tres horas en los años ochenta en una emisora de Sanlúcar de Barrameda, cuando la radio era radio y no ahora la Ana Rosa y compañía se han zampado la audiencia radiofónica, y claro no existía programa matinal de una radio local de aquella época que se preciase que no tuviera un ratito de la mañana donde los oyentes podían llamar para pedir discos e incluso felicitar con ellos: "A Juanito, el niño más guapo de su tía Florita". A alguno le parecerá un recurso fácil y pobre, pero bueno tendría que ver yo ahora a los locutores estrellas de las emisoras de radio actuales con los medios de las emisoras de radio de pueblos de los años ochenta e incluso noventa. Ahora es muy fácil.
Y he aquí que tengo en mi mente el recuerdo de que todos los días, y digo de verdad todos, tenía la petición de este disco de Antoñita Peñuela.
- Es que ya lo puse ayer, antes de ayer y el otro.
- Venga hijo, es que me gusta mucho.
Y yo al final terminaba poniéndolo un día, otro y otro, aunque me repatease porque en cambio nunca tuve ni una llamada quejándose porque la ponía todos los días.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Radios piratas
miércoles, 7 de octubre de 2009
Radio Joven
Este artículito lo escribí y se publicó hace ya un montón de años. No recuerdo cuantos y lo quiero recuperar ahora, aunque es bastante simplón, porque lo he encontrado en uno de los montones de papeles antiguos que tengo por todas partes.Me piden los compañeros de "Sanlúcar Informativo" que les escriba unos folios sobre la radio. En un principio me lo pensé detenidamente y surgió en mi mente una pregunta. ¿Quién eres tú para escribir sobre un tema del que no conoces demasiado? Deja que sean otros con más experiencia los que se dediquen a estas historias. ¡Zapatero, a tus zapatos!.
La foto es la misma que publicaba “Sanlúcar Informativo”.

Pero esta mañana me levanté y pensé que lo que debía hacer es contar modestamente esas vivencias de cuatro años en algo parecido a una emisora de radio, en Radio Joven.
Este artículo puede servirme como examen de conciencia de lo poco que he hecho ante el micrófono. ¿Por qué elegí la radio? Sinceramente creo que no fui yo quien eligió, sino que fue ella a mí. Un día me vi delante de un micrófono presentando un disco de Miguelito Bosé y el siguiente día con un programa de media hora. He de reconocer que me sirvió. Para mí fue ese clavo ardiendo al que se agarra uno cuando tiene demasiadas horas para pensar y ningún trabajo que hacer.
A pesar de que en la última etapa de Radio Joven nosotros cobrábamos una especie de sueldo, hay algo que tengo claro, nunca hice radio por dinero. A veces el aburrimiento, el estar asqueado, hace más que la falta de dinero. Al principio no sólo no cobraba, sino que le tenía que pedir a mi madre dinero para el autobús. Aunque, si he de ser sincero, no me arrepiento, para mí el tiempo vivido en la radio ha sido lo más importante de mi vida, en ella he pasado los cuatro mejores años, he sido feliz y no me importa reconocerlo.
¿Qué entiendo yo por un programa de radio?
Lo definiría en tres palabras: ilusión, alegría e imaginación.
La ilusión es imprescindible a la hora de estar delante de un micrófono, pero aún lo es más cuando se está delante de la máquina de escribir preparando un programa. La radio no puede ser fría en absoluto, hay que ingeniárselas para que todo lo que se diga tenga sentimientos, incluso la publicidad. Si esto no ocurre, nunca se llega al oyente.
La alegría es primordial. Al oyente que escucha un programa de radio no le interesa en absoluto si el que lo hace tiene problemas familiares o si le duelen las muelas. Todas las preocupaciones personales se deben dejar fuera del locutorio. Esto, que puede parecer imposible y cruel, no lo es. Cuando se está delante del micrófono sólo se acuerda uno de las personas que están escuchando el transistor.
Quizás la imaginación sea el pilar más importante sobre el que se sustenta todo buen programa de radio. Imaginación para que el oyente vea, sienta, viva lo que se le está contando.
Como digo, para mí, el éxito de cualquier programa de radio radica en estas tres palabras, pero también añadiría dos más: veracidad y naturalidad. Nadie soporta que se le engañe o que se le trate de manipular.
En cuanto a la naturalidad, me gustaría contar una anécdota que me ha ocurrido más de una vez. Alguna persona me ha parado por la calle y cuando han hablado un rato conmigo, han comentado. «Oye, pero si tú hablas por la radio igual que en la calle». Qué le voy a hacer, si no sé hacerlo de otra forma. A esta frase suelo contestar medio en serio, medio en broma con otra. «Sí, yo hablo igual en la radio y en la calle, pero en la radio no digo tacos». Los oyentes captan enseguida, aunque no lo parezca, cuándo se está fingiendo.
Otra de las preguntas que surgen en mi mente es ¿qué era Radio Joven?. Esto ya es más complicado de contestar, se han oído tantas versiones, comentarios y rumores que no me aclaro. Por no saber, yo creo que ni los que estábamos en ella sabíamos muy bien lo que era. Cada uno tenía una idea diferente de lo que era un programa de radio. Esto no significa que unos estuviésemos equivocados y otros no. Significa que la radio para cada uno es algo totalmente diferente.
Lo único cierto es que pasamos cuatro años maravillosos, con nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestros problemas y nuestras vivencias. Pero aquello pasó y creo que no es bueno vivir siempre pendiente del pasado o intentar resucitar lo muerto. En esta vida hay que continuar la andadura, no podemos pararnos en el camino o corremos el riesgo de ser atropellados por el carro de la nostalgia o la desesperación.
Para terminar me gustaría contar algunas anécdotas vividas en Radio Joven; con ellas comprenderán un poco mejor lo que era realmente.
Si tuviera que comparar a Radio Joven, lo haría con una de esas carrozas de carnaval, divertidas y con un largo recorrido. Lean si no el nuestro: salida, no recuerdo dónde; calle Pirrado, calle Diego Benítez, Rubiños, volvimos a Pirrado, Alto de las Cuevas, Bonanza, calle Fariñas y recogida en calle San Agustín. Pasamos por todo tipo de lugares, desde una buhardilla de tres por cuatro metros, en donde no había ni servicios, hasta una casa maravillosa, con un patio lleno de macetas y que dicen que fue de no sé qué virrey. Pasando por un cuarto que cuando llovía había que hacer radio con impermeable puesto o una casa en el campo en donde a un maravilloso pastor alemán sólo se le ocurría ladrar cuando estaba el micrófono abierto. ¡Todo un portento!
Algo intrínseco a Radio Joven eran las bromas que nos gastábamos unos a otros, sobre todo Luis Vázquez, José Antonio Hernández y un servidor. De vez en cuando nos hacíamos cosquillas cuando teníamos el micrófono abierto, nos tirábamos papeles o pintábamos la cara al que estaba delante del micro. Claro que el que era objeto de las bromas debía permanecer impasible mientras estaba en micrófono abierto e intentar que los oyentes no notasen lo que allí ocurría.
Recuerdo un día que Luis estaba dando en directo una publicidad, en un momento de la cual debía decir algo parecido a «Aluminios el Cubo. Ahora, más cerca de usted». Bueno, pues a José Antonio no se le ocurrió otra.cosa que poner un cubo en la cabeza de Luis mientras lo decía.. Por cierto que aquel día Luis se enfadó terriblemente, pero lo de Aluminios el Cubo lo dijo perfectamente con cubo y todo.
Mientras viva no se me olvidará la primera entrevista que hice en Radio Joven. Creo que siempre he tenido demasiado valor o he sido demasiado inconsciente. A mí no se me ocurrió, como hubiese sido lo normal, hacer una entrevista de tres o cuatro minutos, sino que comencé con una de hora y media todos los viernes de doce a una y media de la madrugada. Claro que como, además de un inconsciente, soy un desastre, no se me ocurrió preparar ni siquiera un guión, sino que fue improvisada, porque en aquel tiempo yo pensaba, estúpido de mí, que las entrevistas salían mejor de una forma improvisada y natural.
Llegó el primer viernes de programa y con él, el invitado. El primero debía ser el Alcalde, pero como estaba de viaje, fue José Antonio Sáenz de Baranda. Si quieren que les cuente cómo salió la entrevista, soy incapaz. Yo estaba bastante preocupado con el sudor que corría por todo mi cuerpo y con los temblores de las manos como para fijarme en las preguntas. Imagino que el Sr. Sáenz de Baranda notaría algo raro, yo por si acaso nunca le pregunté.
A la mañana siguiente llamó una señora diciendo que la entrevista había estado bien, pero que se me notaba algo nerviosillo. Yo, por supuesto, no contesté. Luego pasaron por el programa José Luis Medina, Isidro García del Barrio, Duquesa de Medina Sidonia, Antonio Aviles, Ramón Rivero y algunos más, y desde entonces tuve la precaución de llevar siempre las pregun-titas apuntadas en un papel, porque ustedes no se imaginan lo que dura hora y media.
Ahora, después de cuatro años, sigo preguntándome: ¿Quién me diría a mí que las entrevistas improvisadas y sin guión salen mejor?
Podría continuar contando anécdotas, pero el espacio se acaba y ya tendré tiempo de contárselas otro día si nos vemos o si, por lo menos, nos escuchamos.




















