No cabe duda que los recuerdos de
nuestra niñez se quedan impregnados en nuestros cerebros para toda la vida,
como esos programas de ordenador que son imposibles de borrar. Nuestros
recuerdos visuales, de olores, de sabores y hasta de tacto, muchos nos vienen a
nosotros un día, de pronto y algo así me pasó hace unos días, en este caso con
una flor.
Iba por algún lugar, no recuerdo
donde, y de pronto la vi y me vino ese recuerdo de mi niñez en los Llanos y en
Bonanza. Era una flor que recuerdo que mi madre tenían en la casa y mis
abuelas, porque por lo menos a mi me parece que hace unos años era bastante
habitual verlas por jardines, macetas y hasta convertidas unos grandes
arbustos.
Pasaron los años, y no sé si es
que se ponían menos en las casas y jardines o que yo no me fijaba, pero las
recuerdo amarillas y rojas. No sé cómo se llama, no sé cómo se cría y la verdad
es que en las floristerías no las he visto. Debe ser una de esas flores, que
han ido cayendo en desgracia, o simplemente estaba olvidada de mis recuerdos.
Desde el día en que la vi, roja,
me empeñé en escribir estas letras y me puse a agudizar la vista hasta
encontrar la amarilla también, pero mi sorpresa es que muy cerquita de mi casa
la encontré también rosa.
Aquí les dejo las flores, a ver
si ustedes saben el nombre y como se crían, solo sé que forman parte de mi
niñez.
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