No se por que me vino esta mañana a la cabeza que la mayoría de los políticos en las ciudades prefieren las grandes obras, esas obras faraónicas, esas obras gigantes que quizás casi, casi, casi, siempre nos sirven para nada y se suelen quedan ahí para criar jaramagos.
Parece como si los políticos no se dieran cuenta que lo importante, lo verdaderamente importante para las ciudades es la política de los pequeños detalles, la política de lo cotidiano. ¿Para qué quiere una ciudad un gran aeropuerto en donde no va a entrar ni un avión, pero vamos ni un avión de los de papel? Si después tienen los jardines destrozados, el césped seco y las calles totalmente sucias. Creo que la ciudad en que el gobernante se preocupe de las pequeñas cosas de la cotidianas, que vemos todos los días seguro seguro seguro que tienen unas pocas de legislaturas en el poder.
Mucho más que aquel que tiene grandes edificios, grandes mastodontes, grandes mamotretos de cemento, de hormigón que no valen para casi nada, pero que cuetan un montón.
Así que preocúpense de las cosas pequeñas de los detalles, que los ciudadanos lo agradecemos más.

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