martes, 21 de abril de 2009

Un lunes en Bajo de Guía

El pasado lunes me pedí un día de vacaciones, con la sugestiva idea de no hacer absolutamente nada.
Me levanté y salí sin rumbo, y de pronto me encontré paseando por Bajo de Guía. A mí me fascina la zona, pero no sólo los restaurantes y la buena comida, sino que también la de calles estrechas y laberínticas que poco a poco van desapareciendo en aras de los planes urbanísticos y el disloque constructor de estos años atrás, que ahora incluso parece que echamos de menos. ¡Qué cosas!.
Pasear por lo que queda de las calles, por lo que queda del barrio marinero, es una de las delicias que quedan, sobre todo si es en una preciosa mañana soleada.
Además de mirar y pasear tranquilamente, me dediqué a hacer fotografías a todo aquello curioso, bonito o divertido que podía encontrar, como suelo hacer siempre y de ahí que ya mi ordenador esté repleto con las más de cuarenta mil fotografías que como un día se estropee el pece me voy a “jarta” de llorar.
- Tienes que hacer una exposición.
- Un día de estos...
Una de las cosas que descubrí el lunes fue la cantidad de de azulejos de la Virgen del Carmen que existen por metro cuadrado en aquella zona.
Deben ser un buen montón y me he propuesto ir una mañana o una tarde y fotografiar todas las que hay, aunque la verdad es que algunas son bastante feas y todavía no entiendo cómo se atreven a tenerlas en las puertas de sus casas.
Estuve hasta aproximadamente hasta la una y media en una tranquila y relajada mañana, de esas que estoy convencido que muchísima gente envidiaría, aunque a muchos lugares no pude entrar o entre con mucho trabajo porque todavía no tengo una silla todoterreno, que todo se andará.
Pero claro, era solo un día y el martes tuve que volver al trabajo cotidiano y sobre las once de la mañana se presentó en mi mesa de trabajo un señor.
- Buenos días Antonio.
- Hola, buenos días.
- Ayer estuvo usted en Bajo de Guía.
- Si.
- ¿Haciendo foto?.
- Si.
Ya empezaba a mosquearme tanta preguntita.
- ¿Para que eran esas fotografías?.
- ¿Cómo?
- Si, que para que eran las fotos que hacías.
- Para nada en particular.
Me quedé pasmao. Si unimos un curioso y una cámara puede ser un hecho potencialmente peligroso para todo el que mira, que siempre cree que se está fotografiando algo que le puede perjudicar. Claro que si el curioso trabaja en el Ayuntamiento de la ciudad, que es mi caso, aunque sea con el papeleo, las fotografías pasan de algo peligroso, a altamente peligroso.
En un principio tuve la idea de decirle que a él que le importaba el motivo de mis fotografías, pero rápidamente pensé que no tenía porque ser maleducado y preferí explicarle la razón de mis fotos, aunque él no se fue nada tranquilo y rumiando sobre lo que haría yo con las fotografías.
Claro que es mu rarito que un tío esté la mañana de un lunes con una cámara haciendo fotos a todo un barrio. Que se le va a hacer. Aunque yo también me quedé sin saber porque se había molestado tanto en ir al Ayuntamiento para enterarse de mis fotografías. Por algo sería, ¿no?.

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