La tarde de ayer tarde ha sido para mí un
sábado de Pasión, para los que no sean de Sanlúcar he de aclara que este día
habían decidido salir en procesión aquellas hermandades que por motivo del mal
tiempo y la lluvia no pudieron hacer estación de penitencia y procesionar por
las calles sanlúqueñas esta Semana Santa, y yo, que no soy especialmente
religioso, aunque tenga que estar últimamente escuchando que me estoy haciendo
capillita, sin que me digan eso me importe demasiado, decidí que hacia una
bonita tarde de sol que debía aprovechar y además me apetecía comprobar algo
que nunca había vivido, hacer fotografías en medio de la bulla de la Semana
Santa y hacerlo desde una silla de ruedas, un metro más bajo que los demás, que
ya son ganas.
Me lo tomé con calma porque sin paciencia me
habría marchado para mi casa a los cinco minutos, y además con un sofocón, pero
no. ¡Mucha tranquilidad, Antonio!, me decía. Lo importante es el resultado
final, y eso no lo puedes comprobar hasta que no llegues a casa esta noche.
La experiencia creo que ha sido bastante
positiva, porque he descubierto que a lo mejor no se pueden hacer unas
fotografías maravillosas, geniales y fantásticas, como las que quiere hacer
todos aficionados cuando pilla la cámara en Semana Santa y se va detrás de las
imágenes horas y horas, pero con toda la estética de las procesiones, mezclado
con el colorido de las mismas y la belleza de los rincones, lugares y
monumentos sanluqueños también se pueden hacer cosas decentitas.
Me fui al Barrio Alto a las cinco de la tarde,
donde desde la iglesia de la O salía la santa Cena camino de su Bonanza, ya que
el martes santo tuvo que refugiarse en esa iglesia por la lluvia.
Intente ponerme frente a la iglesia, pero
aquello estaba abarrotado, debí llegar antes y además recordé que en ese lugar
ya tenía algunas fotografías de la hermandad, así que me fui más abajo, frente
a la puerta del Ayuntamiento, que no es mal sitio porque tiene al fondo la
Iglesia de la O.
Mientras esperaba me llamó la atención la cantidad
de puestos ambulantes de chucherías que circulaban delante de las imágenes, y
eso me hizo pensar en la cantidad de cascaras de pipas que se recogen del suelo
estos días. Deberíamos ser un poco menos guarros y no tirar todo al suelo.
Antes de salir la procesión repicaron por
bastante tiempo las campanas de la O, que si que suenan, y pronto apareció el
Cristo de la Santa Cena, que al paso que lleva me parece que no veo completo el
misterio.

Estuve allí entre empujones soportables, que
la gente es bastante amable y tolerante, el peligro y la incomodidad de ver que
el paso se te viene encima y no puedes alejarte, pero el trabajo se realizó y
con la cantidad de gente que había no me sentí agobiado, o puede que yo
estuviese tan en lo mío realizando las fotos, que hice demasiado caso a lo
demás.
¿Dónde ir ahora?. Tenía la posibilidad de
irme a la iglesia de la Caridad, de donde salía un poco más tarde el Cristo del
Consuelo y la Virgen del Mayor Dolor, pero la verdad es que el barrio alto no es
el mejor sitio para ir dando sillazos de aquí para allá y cabía la posibilidad
de meterme en un barullo y que no pudiese hacer nada, además había dejado el
coche en el Castillo de Santiago y era un poco largo para después volver, así
que me plantee que lo mejor sería hacer la siguiente tanda de fotografías en el
barrio bajo.
Quiero terminar esta primera parte del
reportaje reprochándome algo que vi cuando llegué a casa. Mi amigo Eduardo me
lo habría reprochado porque siempre me dice que en mis fotos nunca aparecen
personas. Es algo que no me doy cuenta, pero después al verlas descubro que no
hay forma, son fotos sin gente y que si pasaran a la posteridad, cosa que no
creo muy probable, no tendrá identidad del tiempo. Tendré que mejorarme.


No hay comentarios:
Publicar un comentario