viernes, 25 de diciembre de 2020

En algunas ventanillas

Este artículo lo escribí el año 2014, no sé si lo llegué a publicar alguna vez, aunque creo que no, porque he tenido que hacer un montón de correcciones, con lo cual si lo publiqué es una verdadera mamarrachada. De todas formas, hoy que lo he encontrado por ahí lo pongo porque creo que está plenamente de actualidad, bueno ahora la situación con los virus es mucho peor y parece que nadie en ninguna oficina ni publica, ni privada quiere ver a nadie.

A mí me encantaría hacer como el Ángel Martín y hacer un video contando estas cosas, pero ahora con estas barbas de yayo que tengo por una alergia de no sé qué, no estoy yo para mucho video.

Voy al banco, dios mío mis luchas con los bancos, porque hoy el cajero automático, supongo que no de forma automática sino influenciado por algunas de las personas que lo manipulan, decidió cuando le pedí dinero aquello de si quieres arroz Catalina, porque según indicaban no tenía dinero. ¡Vaya novedad! Eso ya lo sabía yo. Es que acaso pensaban los señores banqueros que a final de mes iba a tener la cuanta como un vulgar Bárcenas o Undargarín.

Ya sabía que no tenía mucho, pero recordaba que me habían dicho que no había problema, que aquel mes que no tuviera liquidez ellos me adelantaban hasta 900 euros por tener allí la nómina, y yo lo que pedía era solo cuarenta.

- Pues sí señor. No puede sacar dinero del cajero porque lo tiene bloqueado porque nos debe 55 euros.

55 euros. Que cansancio de cantidad. Era la misma cantidad por la que ando en pleitos con la otra caja de ahorros.

- Oiga, pero ustedes me dijeron que, aunque no tuvieran dinero me daban hasta 900 euros.

- Si, pero eso caduca.

- ¿Cómo que caduca? Ni que fuera un yogurt de fresa. ¿Y mi nomina no caduca?

- Ahora tiene usted que renovarlo.

- Oiga, pues renuévemelo.

- Lo siento. Yo no puedo hacer eso. Eso solo puede hacerlo mi compañero.

- Ah, bueno pues me voy con la música a otra parte para que me den los cuarenta euros. Ah, ya que estoy aquí. ¿Me podría decir porque no puedo acceder por internet desde hace unos días a mi cuenta por Internet?

- ¿Qué no puede acceder? No sé. Solo tiene que poner su DNI y su clave.

Ese era el problema. Yo hasta ese momento accedía a mi cuenta con el número de la tarjeta de crédito y el PIN de esta, pero ahora me pedía el DNI y cuando lo metía decía que no era correcto.

Ya había colocado un tarjetero que me dieron hace dos o tres años no sé dónde y que se suponía que era algo totalmente útil, pero que a mí no me había servido en ese tiempo absolutamente para nada.

LA CLAVE ES INCORRECTA.

¿Qué clave es esa? Recordé que cuando me saqué el DNI electrónico me dieron un numerito, que se supone que es el que necesito. ¿Dónde coño estará ahora el papelito con el número? Sabrá dios, porque de eso hace por lo menos tres años.

Alguien me dijo que, si ibas a la Policía Nacional, allí había una maquinita que te daba la Clave, metiendo el DNI.

Pues nada, vamos a la policía para que te den el número.

Lo de la maquina es otra cruz. Como media hora estuve dale que te pego, mete carné, saca carné, dale botones y venga otra vez mete el carné, hasta que de pronto aparece alguien, que supongo policía y me dice:

- Que te pasa Antonio. Yo pensaba que tú eras más listo con estos ordenadores.

- Pues no. O la máquina es un poco complicada o yo soy más torpe de lo que tú y yo pensábamos.

- ¿Esta caducada la clave?

Anda coño, que esto también caduca, como mi crédito y los yogures de fresa.

Resultó que sí, que estaba caducada y con la ayuda del señor conseguí tener por fin mi clave.

Pero no piensen que aquí acabaron mis problemas, porque cuando llego a mi casa, con mi clave recién estrenada, vuelvo a meter el tarjetero, el DNI y esperaba con ilusión que apareciera una clave, pero podría estar todavía esperando.

A la mañana siguiente le pregunto a un compañero informático y resulta que me faltaba el programa ecripnoseque.

- ¿Y quién me tiene que dar ese programa?

- Eso te lo tienes que bajar tú de internet.

La madre que me parió. Otra historia. Pensé que ya estaba bien y que le dieran viento fresco al programita en cuestión, y como cuando en esas el banco había decidido que si en vez de intentar sacar dinero un viernes por la mañana, lo hago por la tarde me deja todo el fin de semana, pues aproveché para intentar solucionar mi problema con la página de internet.

- No entiendo lo que me está explicando.

- Déjelo, señorita. A ver. ¿Qué tengo que hacer para poder ver mi cuenta por internet?

- Poner el DNI y el PIN.

- Es que no me deja.

- Lo que pasa es que se lo tenemos que activar.

- Oiga, pues actívemelo, por favor.

Después de unos minutos toqueteando en el ordenador, varios mensajes a mi móvil y un rato de espera parece que ya estaba solucionado todo.

- Ya puede entrar con su DNI y con la clave que le hemos enviado al móvil. Ah, pero espere que me tiene que firmar un documento.

Iluso de mi pensaba que era un papelito donde decía que me habían entregado la clave. Pues no. Me dieron un tocho de 11 folios. Si, he dicho ONCE FOLIOS.

Por supuesto que yo no tenía ni ganas, ni gafas para leer los ONCE FOLIOS del "CONTRATO DE ADHESIÓN A LOS SERVICIOS TELEMATICOS Y DE BANCA POR INTERNET..." y los firmé sin leer, teniendo la constancia de que me arrepentiría en algún momento.

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